Por: María
Elena Salinas
Este
mes se cumple en España otro aniversario de un acontecimiento
que cambió al país y a su gente. No se trata
de la celebración de un día festivo nacional
sino de uno de los momentos más oscuros en la historia
de esa nación. Hace tres años que ocurrió el
llamado 11-M, término que los españoles utilizan
cuando se refieren a los atentados terroristas del 11 de
marzo que mataron a 191 personas e hirieron a 1.800 más
de Europa y Latinoamérica. Para los que de alguna
manera resultaron afectados por el desastre, la tragedia
aún vive en su memoria.
Clara Escribano esperaba en la estación de Santa Eugenia
por el tren número 21713 que la llevaría al
hospital donde trabajaba como enfermera. Como ella, miles
de trabajadores abordaron los atestados trenes de la ciudad
a las 7:38 de la mañana listos para comenzar un nuevo
día laboral en Madrid. A pesar del constante temor
al terrorismo, desde los ataques terroristas del 11 de septiembre
de 2001 contra Nueva York y Washington, y el comienzo de
la guerra en Afganistán y en Irak, nadie podía
prever lo que iba a suceder.
En el lapso de dos minutos, 10 bombas explotaron en cuatro
estaciones de trenes diferentes causando estragos y generando
un tornado político que llevaría a la derrota
del entonces jefe de gobierno José María Aznar.
Aznar no sólo apoyó la guerra contra Irak y
envió tropas en contra de la voluntad de su pueblo,
sino que también trató de encubrir información
que vinculó a al-Qaida con los ataques en Madrid.
Dos días después de los atentados fue hallado
un video en el que al-Qaida reclamaba la responsabilidad
por los ataques diciendo que fueron en represalia por la
decisión de España de enviar tropas a Afganistán
y por su apoyo a Estados Unidos en la guerra contra Irak.
Al día siguiente los españoles sacaron a Aznar
del poder y eligieron al partido socialista, con el liderazgo
de José Luis Rodríguez Zapatero, quien cumplió su
promesa de llevar las tropas de regreso a casa.
Pero no son ni la política ni un nuevo aniversario
de la tragedia lo que ha despertado el dolor de ese espantoso
día, sino el juicio contra 29 hombres sospechosos
de conspirar para realizar los ataques. El 15 de febrero,
las víctimas y aquellos que perdieron a sus seres
queridos, pudieron estar cara a cara por primera vez con
los acusados de los mortales bombardeos, encerrados en un
cubículo antibalas durante el proceso.
Conchi Decos fue una de las personas que estuvo en el tribunal
durante el primer día del juicio. “Mi corazón
se hundía”, dijo, cuando vio a los sospechosos
a través de la sala en la Audiencia Nacional, la mayor
corte criminal española. El esposo de Decos era pasajero
en uno de los trenes junto al hijo de 20 años de Pilar
Manjon. Ambos perdieron sus vidas.
El llamado “súper juicio” está rompiendo
los récord en el sistema judicial español.
Los fiscales piden una sentencia de 38.656 años en
la cárcel para cada uno de los sospechosos, aunque
bajo la ley española el tiempo máximo que cualquiera
puede permanecer en prisión es 40 años. Más
de 500 testigos han sido llamados, 93.236 páginas
de evidencia serán mostradas, 25 diplomáticos
extranjeros y un ejército de abogados participan en
el caso de los bombardeos más mortíferos de
al-Qaida en Europa.
Mientras tanto Escribano, quien sobrevivió a la tragedia
del 11-M, quedó con heridas imborrables que hasta
hoy no ha logrado sanar. Tiene perforado el tímpano
de su oído derecho, pedazos de metralla incrustados
en la zona cervical y en sus músculos que no pueden
ser removidos quirúrgicamente por estar muy cerca
a su médula espinal. Mientras sobrevivientes como
ella tienen que lidiar aún con sus problemas de salud,
sus heridas emocionales tardarán mucho más
para sanar.
Por profundas que sean las heridas, los españoles
pueden estar orgullosos de que tres años después
del 11-M, el sistema de justicia está andando. Cualquiera
que sea el resultado, docenas de sospechosos ya están
siendo enjuiciados por sus crímenes. En Estados Unidos,
en cambio, donde miles más perdieron sus vidas por
actos terroristas, la justicia no aparece para cumplir esa
misma misión. Cinco años después, con
mucha retórica, una guerra, una invasión, centenares
de detenidos, sospechosos iraquíes torturados, un
muro en vías de construcción, un país
dividido y miles de soldados estadounidenses muertos, aún
nadie ha pagado por los crímenes del 11 de septiembre
de 2001.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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