| El nuevo
amigo del presidente Bush |
Por: María
Elena Salinas
Mérida,
Yucatán .-El presidente Bush no podría haber
escogido un mejor destino para su visita a México
como parte de su gira por cinco países de América
Latina. Mérida es uno de los lugares más atractivos
de México por su rica cultura, sus maravillas arqueológicas
y sus delicias gastronómicas. Es lamentable que durante
sus 38 horas de permanencia aquÌ parte de la ciudad
parecía más como una fortaleza que como el
corazón de la civilización maya.
El viaje fue planeado originalmente como una visita de cortesía,
según fuentes diplomáticas mexicanas, pero
fue el presidente mexicano Felipe Calderón quien insistió en
las reuniones oficiales con una agenda de trabajo. A Calderón
le hubiese sido muy difícil explicarle a los mexicanos
que pondría a un lado sus labores presidenciales por
dos días para venir hasta Mérida a servir de
guía turístico al presidente Bush.
Bush y Calderón sí lograron dedicarle tres
horas a reuniones bilaterales en la Hacienda Temozón,
primero solos y después con sus respectivas delegaciones.
Las otras 35 horas fueron utilizadas en dormir, comer y hacer
turismo. Para eso Bush fue protegido por la mayor y mejor
red de seguridad que los contribuyentes estadounidenses pueden
pagar. Miles de militares, agentes del servicio secreto,
expertos francotiradores, perros amaestrados, por lo menos
una docena de aviones del ejército y helicópteros
transportados en aviones C-5 y un portaaviones apostado en
las costas de la península de Yucatán.
La seguridad del presidente estadounidense fue quizás
una de las mayores preocupaciones durante el viaje en el
que fue recibido con protestas violentas en cada parada.
Pero políticamente había más en juego
para su anfitrión mexicano.
La presidencia de Calderón tuvo un frágil comienzo
cuando su legitimidad fue cuestionada por su adversario,
quien perdió por una fracción de un punto porcentual.
En los primeros 100 días tuvo más aciertos
que fallas en asuntos nacionales, pero la visita de Bush
fue realmente su primera oportunidad para exponer su agenda
internacional. Necesitaba demostrar que podía retomar
la agenda bilateral con Estados Unidos con firmeza.
Desde el punto de vista de Estados Unidos fueron los ataques
terroristas del 11 de septiembre de 2001 los que descarrilaron
la luna de miel que mantenían los gobiernos de Bush
y el anterior presidente Vicente Fox. Para México,
según Calderón, fue el hecho que Fox hizo de
la inmigración el tema único que definiría
su relación lo que evitó que ésta progresara.
En una entrevista exclusiva después de la visita de
Bush aquí a México, el presidente mexicano
me dijo que él enfocaría las relaciones de
manera diferente. “Confrontaré los asuntos con
la seriedad, la claridad, la firmeza y la sinceridad que
es requerida entre dos amigos”. Asuntos que incluirán
seguridad, tráfico de drogas y comercio.
Quizás la inmigración no será el único
asunto en esta nueva y mejorada relación entre los
dos vecinos, pero sin duda será uno de los más
importantes. Contrario a Fox, Calderón no presionará la
legalización de indocumentados mexicanos en Estados
Unidos. Lo que él pide es más inversión,
tanto doméstica como extranjera, para crear empleos
dentro de territorio mexicano y así sus ciudadanos
no sientan la necesidad de irse para lograr una vida decente. “Vale
más construir un kilómetro de carreteras en
Zacatecas o en Michoacán que 10 kilómetros
de muro en la frontera, en Texas o Arizona”, una teoría
que él ha convertido en una de sus frases célebres.
El presidente Bush en ningún momento comprometió inversión
alguna para ayudar a construir esas carreteras dentro de
México, ni tampoco dio a entender que detendría
la construcción del muro, pero prometió a Calderón
y a los mexicanos que trabajaría para conseguir una
reforma migratoria comprensiva en el Congreso, que incluya
un programa de trabajadores huéspedes.
Calderón explicó que los dos países
acordaron crear grupos de trabajo que buscaran mejorar la
seguridad en ambos lados de la frontera y reclamó a
Bush por el trafico de armas desde Estados Unidos, que terminan
en manos del crimen organizado.
La más agresiva tarea del presidente mexicano desde
que tomó el poder ha sido la de enviar el ejército
a estados prácticamente tomados por los violentos
traficantes de drogas, pero le dijo a Bush que es tiempo
de que Estados Unidos haga su parte controlando el consumo
de drogas que mantiene ese negocio ilegal activo al sur de
la frontera.
Construir una nueva relación con su nuevo amigo en
México, podría ayudar más a Bush a mejorar
su imagen en América Latina y entre los latinos en
Estados Unidos, que su sobreprotegido viaje de siete días
a la región.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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