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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Una
decisión este pasado lunes de la Corte
Suprema del país que afecta a más
de 3 millones de residentes de Puerto Rico pasó desapercibida
por la gran mayoría del público
estadounidense. Los jueces del Supremo rechazaron
una petición de un grupo de puertorriqueños
que buscaba que se le concediera a los residentes
de la isla el derecho a votar en elecciones presidenciales.
Como territorio estadounidense, los residentes
de la isla son ciudadanos estadounidenses pero
no votan en elecciones presidenciales y su representante
en el congreso federal no tiene voto legislativo.
Ante la rechazo del Supremo, los que abogan por
el voto presidencial dicen que llevarán
su caso a la Organización de Estados Americanos
(OEA) en esta cuidad para denunciar que el negarle
el voto a tantos ciudadanos del país atenta
contra sus derechos civiles.
Y hablando de Puerto Rico, el martes que viene
los congresistas demócratas John Conyers
de Michigan y Charles Rangel de Nueva York auspician
una audiencia informal sobre unas denuncias de
abuso que varios periodistas puertorriqueños
hayan hecho contra el FBI. Los periodistas alegan
que fueron maltratados por agentes del FBI cuando
los acompañaron a cubrir una serie de
redadas en los hogares de varios integrantes
de grupos independentistas en la isla.
El congresista Conyers indicó que en la
audiencia examinará el historial “delicado” del
FBI en Puerto Rico y si la conducta de agentes
fue “razonable y justificada”. La
sesión informativa en el Congreso se llevará a
cabo de manera informal, ya que Conyers, Rangel
y otros legisladores no consiguieron el apoyo
de la mayoría republicana del comité judicial,
el cuerpo legislativo encargado de investigar
asuntos jurídicos y policíacos.
A la vez que grupos conservadores denuncian a
los que abogan por los derechos de los inmigrantes
y mientras se debate en el Congreso el tema de
la inmigración, el Departamento federal
del Censo dio a conocer unas impresionantes cifras
de empresas latinas. Señalan que la cantidad
de compañías hispanas creció un
31 por ciento en los últimos cinco años,
tres veces más rápido que cualquier
otro grupo étnico. Los casi dos millones
de empresas latinas en el país representan
más de $220.000 millones en ingresos.
Las cifras del censo también indican que
la mayoría de los negocios latinos están
en los campos de construcción, mantenimiento
y ventas, y la mayoría de los empresarios
latinos son de origen mexicano. Entre los estados
de mayor crecimiento para negocios latinos están
Nueva York, Georgia, Carolina del Sur y el área
metropolitana de Washington.
Mientras tanto, el presidente Bush dijo esta
semana que los indocumentados “no deben
pasar al frente de la fila” para conseguir
residencia legal ni que obtengan una “ciudadanía
automática”, aunque se trate de
personas que ya llevan años en el país.
El primer mandatario hizo los comentarios durante
una rueda de prensa en la Casa Blanca al responder
si aceptaría la legalización de
los indocumentados que llevan en Estados Unidos
mucho tiempo, por ejemplo desde 1987, un año
después de la amnistía que el entonces
presidente Reagan otorgara en 1986.
Por otra parte, grupos que abogan por los inmigrantes
estudian la posibilidad de boicotear empresas
que destinen contribuciones a legisladores que
voten por propuestas en contra de la comunidad
migratoria.
Ya se habla de un boicot contra la cervecería
Miller por contribuciones que la compañía
hiciera al congresista republicano James Sensenbrenner
de Wisconsin, auspiciador de legislación
que, entre otras cosas, hace el estar en el país
ilegalmente un crimen mayor y destina fondos
para la construcción de un muro a lo largo
de la frontera EE.UU.-México. “Si
nos van a tratar mal, les vamos a decir que no
vamos a comprar sus productos y de esa manera
nos harán caso”, dijo Jaime Contreras,
del Comité Nacional de Inmigración
(NCIC, en inglés).
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