El
tema de la guerra en Irak ha provocado las más
polémicas reacciones en el mundo, pero
eso no le da derecho a un gobernante a hacer
uso del discurso político para insultar
y denigrar a un homólogo que merece respeto
muy por encima de su cargo público. Este
comentario va en respuesta a la interminable
lista de adjetivos peyorativos que recibió el
presidente de Estados Unidos, George W. Bush
el pasado fin de semana por parte del mandatario
venezolano Hugo Chávez.
Si bien en el marco de la democracia tenemos la
libertad para expresar nuestro punto de vista sobre
determinado tema, éste no puede estar basado
en insultos y acusaciones hacia una persona con
nombre y apellido. Chávez definitivamente
perdió la cordura y el verdadero sentido
de lo que significa representar a toda una nación,
lejos de la diplomacia que debe estar presente
en todo quehacer político.
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Por
otro lado, desde este editorial, que ha tenido
a bien tocar el tema del ‘respeto ante
todo’, aplaudimos las recientes declaraciones
del presidente Bush sobre una reforma migratoria.
Cambiando el giro de su discurso, Bush ha pedido
a los legisladores que tomen decisiones con consideración
hacia los millones de indocumentados que viven
y aportan a Estados Unidos. Esperamos que ese
respeto se traduzca en un tratamiento digno y
justo para los inmigrantes que llegan a este
país en busca de una oportunidad para
salir adelante y ayudar a sus familias en sus
países de origen. Los trabajadores inmigrantes
no son criminales y merecen al igual que todo
ser humano un trato respetuoso.
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