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El
consumo de tabaco es la causa de la muerte de 400.000
personas al año en Estados Unidos, una realidad
que de sólo pensarla produce escalofríos.
Las iniciativas que las sociedades modernas han
impulsado en los últimos años, especialmente
en esta nación, destinadas a frenar el consumo
de este producto tóxico constituyen una
buena política para evitar tantas muertes
sin sentido.
En este sentido saludamos la decisión del
Consejo Legislativo del Distrito de Columbia de
prohibir el hábito de fumar en los bares
de la ciudad. La medida puede sonar radical pero
tiene un trasfondo justo y sabio: si quiere fumar
no lo haga en un lugar cerrado, delante de gente
que no fuma.
Los latinos, quienes solemos estar detrás de la modernidad en ciertos
aspectos en comparación con otros grupos étnicos, tenemos una buena
conducta respecto al tabaco.
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Algunos
estudios gubernamentales sostienen, en efecto,
que los hispanos son el grupo étnico que
tiene mayor cuidado a la hora de fumar delante
de los niños.
Por eso no es casualidad que el doctor Elmer Huerta haya sido citado para testificar
en el Senado a favor de una ley sobre los efectos nocivos de fumar.
La iniciativa bipartidista se denomina “Control del Tabaco y Prevención
Familiar del Consumo del Cigarrillo” y fue presentada por los senadores
Edward Kennedy (D-MA) y John Cornyn (R-TX), y los congresistas Henry Waxman (D-CA)
y Tom Davis (R-VA).
La ley, que respaldamos desde Washington Hispanic, restringe la publicidad sobre
el tabaco dirigida al público infantil y prohíbe que se fabriquen
caramelos con sabor a cigarrillos. |