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De rehén a Canciller

Por: María Elena Salinas

Sólo pasa en Colombia. El presidente Álvaro Uribe nombró a Fernando Araújo, quien hasta hace apenas unas semanas era mantenido como rehén por un grupo guerrillero de izquierda, como nuevo ministro de relaciones exteriores. Araújo reemplaza a María Consuelo Araújo, no relacionada familiarmente con el nuevo ministro, quien se vio forzada a renunciar después que su hermano, el senador Álvaro Araújo, fuera arrestado junto con otros legisladores sospechosos de conexiones con un grupo paramilitar de derecha. Su padre es investigado por acusaciones similares y existen afirmaciones, no confirmadas, de que miembros de la familia del propio presidente Uribe también podrían estar ligados indirectamente con los paramilitares.

Esto podría ser ciertamente parte de un dramático documental, pero en realidad apenas vislumbra un drama de la vida diaria que ha llegado a ser demasiado familiar en Colombia.

Durante las últimas cuatro décadas, los colombianos han estado sumergidos en un caos. Han sobrevivido a todo, desde asesinatos políticos hasta la narco-violencia. Los rebeldes de izquierda han convertido su lucha social en un estado de anarquía. Los grupos paramilitares de derecha a menudo utilizan tácticas censurables para eliminar a sus enemigos. Ambas organizaciones, los de izquierda y los de derecha, han sido consideradas por Estados Unidos como grupos de terroristas que se mantienen con la extorsión, los secuestros y el tráfico de drogas.

Tan sólo un país como Colombia logra mantenerse dentro de la normalidad con más de 3.000 personas retenidas como rehenes por grupos ilegales armados o por criminales comunes. Entre ellos, hay civiles, agentes policíacos, personal militar, funcionarios electos y hasta una ex candidata presidencial. Tres contratistas estadounidenses que trabajaban para el Departamento de Defensa están entre esos mantenidos cautivos por los rebeldes izquierdistas. Cientos han muerto estando en cautiverio o como resultado de misiones fallidas de rescate.

El recién nombrado ministro de relaciones exteriores sabe de sobra lo peligroso que puede ser. Poco tiempo después de que dejara el cargo como ministro de Desarrollo bajo la administración del ex presidente Andrés Pastrana, Araújo fue secuestrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, mientras trotaba en su natal Cartagena. Fue mantenido como rehén durante seis años. El 31 de diciembre del 2006 logró escapar en medio de un tiroteo entre sus captores y soldados en una misión militar de rescate.

Durante cinco largos días anduvo –y a veces se arrastró- por la escabrosa selva del norte de Colombia tratando de encontrar una vía para regresar a la civilización. La densidad de la vegetación lo desorientó y hubo momentos en los que pensó que no lograría salir con vida. “La alternativa de caminar en dirección oeste me llevaría hacia una montaña tan inmensa que no podría cruzarla, y yendo hacia el sur podría regresar hacia el área controlada por los rebeldes”, dijo en una entrevista reciente.

Después de días sin alimentos ni bebidas Araújo descubrió una pequeña fogata abandonada y ya casi apagada con varios trozos de yuca alrededor que lo mantuvieron con fuerza durante el resto de su recorrido. Eventualmente, llegó a la casa de un campesino que le indicó el rumbo hacia la más cercana población, donde pudo encontrar a un grupo de soldados. Su dramática experiencia y su resurgimiento político han cautivado al país. Y también han generado muchas críticas contra la decisión del presidente de nombrarlo como canciller tan sólo dos meses después de que escapara, luego de seis años en los que permaneció totalmente desconectado del mundo exterior.

Los críticos de Uribe dicen que el presidente está explotando la espantosa experiencia de Araújo para obtener ganancia política. Pero sus partidarios reclaman que Araújo no sólo está capacitado para ser ministro de relaciones exteriores sino que también podría servir como un símbolo del martirio causado al país por una guerra civil sangrienta. A pesar de que a Uribe lo ensombrecen las acusaciones de la supuesta vinculación de familiares con grupos paramilitares, sus tácticas de línea dura han ayudado al país a ganar algún terreno en su lucha contra las drogas y el terror.

Fueron las conexiones con los paramilitares de derecha las que llevaron a la renuncia de la ministra de relaciones exteriores y fue el secuestro perpetrado por los rebeldes de izquierda lo que ayudó indirectamente al nombramiento de su sucesor. Queda claro que los grupos armados ilegales en Colombia siguen ejerciendo control sobre la vida cotidiana y la política.

(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com. (c) 2007 by Maria Elena Salinas