Por: María
Elena Salinas
El
presidente George Bush acaba de regresar de su viaje por
América Latina en el que parte de su misión
fue transmitir el mensaje de que Estados Unidos es un país
compasivo. Pero no hay nada compasivo en la manera como los
inmigrantes, en su mayoría latinoamericanos, son tratados
por las autoridades de inmigración.
La última ola de redadas contra inmigrantes a través
del país ha causado una crisis familiar entre los
inmigrantes e indignación entre quienes defienden
sus derechos. Trabajadores sospechosos de permanecer ilegalmente
en el país son blanco de las redadas dentro de sus
propios hogares y lugares de trabajo por agentes de inmigración
que se aparecen sin previo aviso, los acorralan y los llevan
a centros de detención camino a la deportación.
Como resultado de estas redadas inhumanas cientos de niños
están siendo separados de sus padres, en muchos casos
dejados solos sin un guardián que los proteja. Desde
que se lanzó el más reciente operativo de redadas,
más de 13.000 inmigrantes han sido detenidos. Uno
de los casos más dramáticos fue la redada a
principios de marzo en una fábrica de artículos
de cuero en New Bedford, Massachussets, que entre otras cosas
hacen chalecos y mochilas para el ejército, donde
unos 360 trabajadores fueron detenidos. Los agentes del ICE
entraron al local, según testigos, con fusiles y perros
amaestrados.
La mayor parte de los detenidos eran mujeres centroamericanas,
muchas de ellas madres solteras. A las mujeres ni siquiera
se les dio una oportunidad de hacer arreglos para que sus
hijos fueran cuidados. Más de 140 niños quedaron
abandonados en escuelas, centros de cuidado para niños
o con vecinos que no estaban preparados para mantenerlos.
Algunos de los niños, con problemas médicos
que requieren atención especial. Un bebé de
7 meses, que aún era amamantado, terminó en
el hospital deshidratado cuando se negó a tomar la
leche de fórmula que le fue dada mientras su madre
estuvo detenida por dos noches.
Algunos abogados de inmigración y agentes de servicios
sociales han expresado su repudio a la manera como las redadas
son manejadas. Existe incluso una lista de recomendaciones
que circulan en una carta a través de Internet alertando
a los trabajadores inmigrantes sobre como prepararse en caso
de ser objetivo de redadas indiscriminadas. Entre otras cosas
advierte de la importancia de llevar algún tipo de
identificación válida cuando se está en
el lugar de trabajo.
"
Si niños pequeños son dejados con alguien que
los cuide," indica la carta, "cerciórese
de que tienen información para contactarle a usted
y a un familiar cercano en caso de un incidente infortunado."
"
Si usted es la víctima o sabe de un compatriota que
es detenido en una redada de inmigración, contacte
al consulado, la iglesia o el centro social más cercano".
El gobierno federal defiende su derecho de realizar las redadas
bajo el argumento de que persigue a criminales y a los que
están bajo órdenes de deportación. Pero
eso no es verdad. La mayor parte de los trabajadores en la
fábrica de New Bedford no caen bajo esa categoría.
Además quedó al descubierto que los trabajadores
eran víctimas de explotación por parte de los
administradores de la empresa Michael Bianco, quienes los
reclutaban como mano de obra barata, les hacían pagar
altos precios por obtener sus trabajos y los multaban por
hablar en el trabajo o si se tardaban mucho en el baño.
Algunos de los inmigrantes arrestados en esa redada han sido
liberados por autoridades migratorias por razones "humanitarias," aunque
muchas de esas familias siguen separadas. Los funcionarios
de inmigración argumentan que ser padre o madre soltera
o ser el sustento principal de una familia no protege a un
inmigrante de la deportación.
Ya es hora de que en este país se tomen en consideración
los derechos de los niños, incluyendo unos 3 millones
nacidos en Estados Unidos, que tienen por lo menos un padre
que es inmigrante indocumentado. Ningún niño
se merece ser abandonado. Hay que proteger a las victimas
más vulnerables de nuestro resquebrajado sistema de
inmigración.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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