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EAlgo
que no se había visto desde hacía
muchos años en el área metropolitana
de Washington, DC, especialmente en varios condados
del Norte de Virginia, tomó forma en los últimos
días con las marchas callejeras protagonizadas
por cientos de alumnos de las escuelas secundarias
locales.
Las demostraciones tenían indudablemente
un propósito justo, a la luz de los últimos
acontecimientos relacionados con la reforma migratoria.
Muchos estudiantes, en efecto, salieron a protestar
contra la ley Sensenbrenner aprobada en la Cámara
de Representantes, cuya entrada en vigencia perjudicaría
el acceso a la educación de muchos jóvenes
sin documentos en regla por criminalizarlos.
Sin embargo, consideramos que se rebasó la
línea. Como apuntó una autoridad
educativa, “una cosa es realizar una protesta
espontánea, y otra es tener varias ausencias
continuas”.
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El
hecho de abandonar las clases para participar en
marchas no autorizadas rompe el reglamento interno
de las escuelas, debilita la disciplina en las
aulas y pone en peligro la seguridad física
de los propios alumnos.
Por eso hacemos un llamado tanto a los jóvenes escolares como a sus padres
para tomar en cuenta esta situación, evitar que genere un problema aún
mayor dentro de sus propias familias y en su comunidad.
Así como es un derecho protestar contra algo injusto, también existe
la obligación de respetar y cumplir las leyes. Quien no lo haga, debe
atenerse a las consecuencias |