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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Mientras la antorcha de las Olimpiadas
hace su viaje por varias ciudades del mundo y bajo
multitudinarias protestas, brillan por su ausencia
los legisladores que pegarían el grito al
cielo si las Olimpiadas si llevarían a cabo
en otra ciudad igual de represiva y autoritaria como
lo es el gobierno de China. Imaginemos que la sede
de los juegos es La Habana y no Beijing. Toda una
caravana de gente desde la Casa Blanca hasta el Congreso
y quién sabe cuántos más hubieran
dicho, cómo es posible que participemos en
estos juegos en este país, bla, bla, bla,
bla, bla. El presidente Bush dice que las Olimpiadas
tratan con el atletismo y no la política.
No somos tan ingenuos para pensar que diría
lo mismo de ser La Habana la ciudad anfitriona. Lo
mismo con la legislatura. ¿Dónde están
los congresistas que se arrancan los pelos cuando
se habla cualquier cosa de Cuba? ¿Cuál
es la diferencia entre el gobierno cubano y el gobierno
chino?
Mientras tanto, el gobierno colombiano gasta sumas
millonarias en cabildear a favor de que la legislatura
estadounidense apruebe un tratado comercial entre
Estados Unidos y ese país sudamericano, aparentemente
en vano. El presidente Bush envió el acuerdo
esta semana al Congreso, pero la presidenta de la
Cámara Baja, la congresista Nancy Pelosi,
de California, afirma que usará medidas parlamentarias
para bloquear un voto. Pelosi y otros legisladores
dicen que no están convencidos de que el gobierno
de Colombia no tiene vínculos con paramilitares
colombianos, un vínculo que el gobierno colombiano
niega rotundamente.
El Congreso, además, está bajo mucha
presión por parte de sindicatos laborales
de rechazar tratados comerciales, y como las elecciones
se avecinan, pues se podrán imaginar que,
al menos con los demócratas, le están
haciendo más caso a los sindicatos. Pero el
gobierno colombiano sigue gastando, hasta pagándole
a un principal asesor de la senadora Hillary Clinton
para cabildear a favor del tratado. Esto mientras
la senadora mantenía su rechazo al mismo.
A Mark Penn le salió el tiro por la culata
porque lo echaron como bolsa del círculo íntimo
de asesores de la candidata presidencial y el gobierno
colombiano le canceló el contrato de $300.000.
Los colombianos y la Casa Blanca y algunos legisladores
republicanos no obstante mantienen su optimismo sobre
la aprobación en el Congreso, pero nadie honestamente
cree que ocurrirá, y menos antes de las elecciones.
Pero parece que se aferran al dicho popularizado
por el reverendo Jesse Jackson: “hay que mantener
viva la fe”.
Y hablando de mantener la fe, el embajador de Estados
Unidos en Irak y el comandante de fuerzas militares
en Irak hablaron esta semana ante varios comités
del Congreso para actualizar la situación
en esa zona de conflicto. Como era de esperar, dijeron
que han progresando pero falta mucho por hacer, y
pidieron que no se disminuya la cantidad de tropas
porque las necesitan para asegurar la estabilidad
de la región. Explicaron que esperan que el
gobierno iraquí eventualmente se encargue
de su gobierno en su totalidad pero no dieron indicaciones
de cuando. Claro, porque es preferible dejarlo todo
en veremos, mientras la gran mayoría del público
estadounidense dice “basta ya”. Aparentemente
los militares y el gobierno estadounidense son gente
de fe que quieren decirle a la gente que no crean
todo lo que oyen y ven, que mejor es seguirlos ciegamente
hacia el precipicio.
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