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Un
suceso policial relacionado con la venta y adquisición
de armas de fuego ha causado alarma y preocupación
entre los padres de familia y las autoridades del área
metropolitana, pues el hecho ha tenido lugar en
el interior de una conocida escuela secundaria
ubicada en el área de Wheaton, en Maryland.
Los protagonistas de este caso no son delincuentes
de amplio prontuario, como se podría suponer,
sino alumnos de secundaria, con edades que oscilan
entre los 14 y los 17 años. Tres de ellos,
mayores de 16 años, serán enjuiciados
como adultos y ya fueron identificados por la policía.
Los tres son miembros de familias de origen latino.
Creemos que no es hora de lamentaciones y que hay
la necesidad de examinar el fondo de esta situación. “Hay
que examinar a profundidad qué es lo que
está pasando con nuestros jóvenes
y con nuestras familias”, considera Diego
Uriburu, subdirector ejecutivo de Identity, una
organización sin propósito de lucro
que se dedica al rescate de los jóvenes. |
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Uriburu
afirma, y estamos de acuerdo con él, en
que los padres deben tratar de establecer relaciones
más fuertes, sólidas y duraderas
con sus hijos.
Sin
embargo, creemos, al igual que este especialista,
que este rol de padres debe ser asumido desde cuando
los hijos se encuentren a temprana edad.
Organizaciones como Identity han comprobado que
los padres dedican muchos de sus esfuerzos para
dar a sus hijos “lo que ellos no tuvieron,
una gratificación inmediata, pero no se
les pone un límite, y cuando se trata de ‘darles
un pare’ a sus hijos adolescentes ya es demasiado
tarde y mas bien se genera una falta de respeto
de los hijos hacia sus padres”, reconoce
Uriburu.
Ahora que se conoce que en varios condados del área
metropolitana se tienen los índices más
altos de deserción escolar y los más
bajos de graduaciones entre los jóvenes
de origen latino, creemos que es hora de levantar
cabeza y demandar más y mejores servicios
para nuestros jóvenes, para alejarlos de
las redes de las pandillas y de la delincuencia. |