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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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De
vez en cuando, se arregla una injusticia. Muy de
vez en cuando, pero cuando pasa, es una verdadera
felicidad para los agredidos. Esta semana la cadena
de televisión pública, el Servicio
de Difusión Pública (PBS, en inglés)
accedió a hacer cambios a un documental de
14 horas sobre la Segunda Guerra Mundial que tenían
previsto poner al aire este septiembre que viene.
Resulta que ese enorme proyecto sobre lo que vivieron
los soldados durante la guerra, un proyecto tan grande
que tomó seis años en hacer, no había
incluido ni un solo latino en todo el documental.
El conocido productor Ken Burns habló con
soldados afroamericanos sobre la discriminación
racial que sufrieron en las fuerzas armadas. Incluso
Burns habló con varios japoneses-americanos
que vivieron en carne propia la terrible política
del gobierno estadounidense de apartarlos de la población
y echarlos en campamentos de trabajo. Pero al llamado “historiador
de América” no le pareció importante
hablar de la contribución de los más
de 500.000 hispanos integrantes de las fuerzas armadas
durante esa guerra. No, por supuesto que no era importante
mencionar medio millón de personas, ni de
alguno de los 12 soldados hispanos que fueron condecorados
con la Medalla de Honor, el más importante
y prestigioso de las medallas que entrega el gobierno.
Tampoco se le ocurrió a Burns hablar con algunas
de las cientos de mujeres hispanas que se integraron
a la rama femenina de las fuerzas armadas y trabajaron
como traductores y criptógrafas, descifrando
los mensajes secretos del enemigo.
Cuando los latinos empezaron a quejarse, naturalmente
Burns y PBS no les hicieron caso. Inclusive en una
ocasión dijeron que ya era demasiado tarde
para hacer los cambios y, por si las moscas, no era
su intención dejar fuera a nadie. Solamente
nos concentramos en las historias de algunos, dijo
Burns. ¿Pero entonces, para qué hablar
de la situación de otros grupos étnicos
y no de los latinos? El problema fundamental, dicen
analistas de derechos civiles, es que la mentalidad
de muchos anglosajones está estancada en la
noción de que los asuntos raciales y los asuntos
de derechos civiles son meramente cuestiones de entre
blancos y negros. Para ellos, los latinos son invisibles.
Pero esta vez no. Cuando vieron que no llegaban a
ningún lado con sus quejas a PBS, buscaron
el apoyo de legisladores. Porque, como hubiera dicho
Cantinflas, he aquí el detalle. Como empresa
pública, PBS recibe del Congreso federal gran
parte de sus fondos, y lo menos que necesitan es
un choque con legisladores descontentos.
Imagínense este detalle tan curioso: tan pronto
los congresistas amenazaron con recortar fondos a
PBS si no se resolvía este asunto, PBS enseguida
se espantó y llevaron a cabo una serie de
reuniones para ver cómo se podría llegar
a un acuerdo. Hace unos días, PBS anunció que
contratarían a un productor latino para hacer
algunos cambios e incluir la experiencia latina en
el documental.
Irónicamente, ésta no es la primera
vez que Burns se mete en líos con los latinos.
Su documental sobre el béisbol, otro esfuerzo
larguísimo que también tomó años
hacer, sólo muy brevemente mencionó a
los peloteros latinos, cuando eso está atascado
de hispanos.
Lo chistoso es que Burns ha dicho que es importante
entender el pasado –la historia- para conocer
el futuro. Gracias a los grupos hispanos, ahora se
ve obligado a aplicarse el cuento.
Mientras tanto esta semana, varios soldados más –incluyendo
un puertorriqueño- murieron en Irak.
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