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A
pesar de que la última palabra no ha sido
dada en el Capitolio, la decisión de los
bloques republicano y demócrata del Senado
de unirse para trabajar en una ley de reforma
migratoria amplia es digna de reconocimiento.
Semanas atrás nadie hubiera vaticinado un
acuerdo de estas características en un tema
que había dividido a la nación. Pero
la persistencia del republicano John McCain y del
demócrata Edward Kennedy, y sobre todo las
movilizaciones multitudinarias de organizaciones
pro inmigrantes a lo largo y ancho del país,
convencieron a los miembros del Senado sobre la
necesidad de trabajar juntos en esa iniciativa.
Es cierto que el tenor del proyecto de ley de reforma
migratoria sustentado por los senadores Mel Martínez
y Chuck Hagel no gustará a todo el mundo,
pero es hidalgo reconocer que se trata de un enorme
y trascendental avance.
La iniciativa, en efecto, dispone la legalización
de
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millones
de inmigrantes indocumentados, y además
abre el camino a la ciudadanía, en un paso
histórico que quedará marcado en
los anales de las luchas de la comunidad latina.
De superar finalmente este documento legislativo la valla de la conferencia que
sostendrán próximamente ambas Cámaras y de ser promulgado
por el presidente George W. Bush, millones de inmigrantes indocumentados al fin
podrán salir de las sombras para seguir contribuyendo –como lo han
venido haciendo hasta ahora- al desarrollo de esta gran nación que los
acogió, y al progreso de sus propias familias.
Por eso creemos que todos debemos apoyar a toda costa este acuerdo bipartidario
y defender su plena integridad, tanto en la movilización de este lunes
10 como en las que se convoquen posteriormente. |