Por: María
Elena Salinas
La
fuerte retórica de Fidel Castro contra el gobierno
estadounidense y el presidente George W. Bush son típicamente “Fidel”. “El
más genuino representante de un sistema de terror
que ha sido impuesto al mundo por la superioridad tecnológica,
económica y política de la potencia más
poderosa que ha conocido nuestro planeta es, sin duda, George
W. Bush”, escribió Castro en una carta publicada
en Granma, periódico oficial del gobierno cubano.
En la carta, Castro estaba reaccionando ante la decisión
de la jueza de distrito estadounidense Kathleen Cardone de
dejar en libertad bajo fianza a su archienemigo Luis Posada
Carriles, culpando a Bush por la liberación de quien
llama el “monstruo”.
Posada Carriles, un ex agente de la CIA quien participó en Bahía
Cochinos, ha sido retenido en Estados Unidos durante 2 años por entrar
al país ilegalmente. Llegó de Panamá donde había
sido encarcelado por porte ilegal de armas, siendo perdonado después por
la ex presidenta de ese país Mireya Moscoso.
Posada es solicitado tanto en Cuba como en Venezuela donde le acusan de orquestar
el bombardeo de un avión comercial cubano en 1976 en el que murieron 73
personas. Pero un juez de inmigración de Estados Unidos se negó a
extraditarlo bajo el argumento de que sería torturado. Para muchos enemigos
de Castro, Posada es considerado en cierta medida un héroe, pero otros
lo ven como un terrorista. La CIA dice haber terminado su relación con
Posada Carriles hace décadas.
Aún falta por ver si se le permitirá moverse libremente dentro
de Estados Unidos en medio de la guerra de terror en que vivimos. Por ahora su
liberación fue bloqueada por un tribunal de apelaciones. Pero la verdadera
historia no está en el futuro de Posada Carriles sino en el retorno de
Fidel Castro. La mordaz carta sobre la posible liberación de Posada es
el tercer documento firmado por Castro desde que cayó enfermo y entregó temporalmente
el poder hace 8 meses a su hermano menor Raúl y a otros altos funcionarios
cubanos.
Las celebraciones en La Pequeña Habana de Miami empezaron inmediatamente
después de que se conociera la noticia de que Castro había sido
sometido a una cirugía intestinal de emergencia en julio de 2006. Los
exiliados cubanos pensaron que había llegado el momento que tanto han
esperado desde hace más de 46 años. No faltó quienes comenzaran
a empacar maletas para regresar a su patria.
La condición de Castro y la causa de la operación han sido un secreto
de estado, lo que llevó a especulaciones de que el dictador cubano sufría
de un cáncer terminal, incluso decían que habría muerto
y que el gobierno comunista se preparaba para tomar el control en caso de que
las masas salieran a celebrar –o a protestar- por las calles de La Habana.
El gobierno de Estados Unidos se reunió con líderes cubanos del
exilio y definió su visión para una Cuba nueva y democrática.
Los medios de comunicación prepararon coberturas masivas para el inminente
fallecimiento de Castro.
El líder cubano cumplió 80 años estando en el hospital.
Perdió su propia celebración de cumpleaños así como
días festivos nacionales y acontecimientos políticos importantes
en los que él habría estado normalmente al frente. Las únicas
señales de vida de Fidel durante meses fueron fotografías en las
que aparecía delgado y frágil conversando con su amigo, el presidente
venezolano Hugo Chávez. Más recientemente fue fotografiado con
el escritor y premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.
Hace unas semanas hizo una llamada telefónica a Chávez durante
su programa de radio semanal. Después, vinieron las cartas. Las primeras
dos criticando a Bush por promover el etanol como una alternativa para el combustible
con el presidente brasileño Luis Inacio Lula da Silva, y después
por la posible liberación de Posada Carriles.
Existe la firme creencia de que Castro sufre diverticulitis. Funcionarios cubanos
han estado diciendo que la salud de Fidel mejora y que está al frente
de los negocios oficiales del país. Es más, que hasta ha engordado,
según dijo su canciller Felipe Pérez Roque. Pero quizás
la mayor señal del regreso de Fidel Castro es esa retórica anti-yanqui
que aparece en sus cartas, y que lo ha convertido durante décadas en campeón
de fuerzas anti-estadounidenses en el mundo. Los exiliados cubanos quizás
tengan que desempacar sus maletas y esperar un poco más antes de que vean
el fin del régimen comunista de Castro y puedan regresar entonces a su
amada patria.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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