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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Sin duda la iglesia católica
en Estados Unidos tiene una gran cara hispana, con
el mayor crecimiento de feligreses entre latinos,
y seguramente por eso surgió el tema de la
inmigración durante la visita del Papa Benedicto
XVI con el presidente Bush. El pontífice dijo
que le preocupa el daño causado por leyes
restrictivas de inmigración que buscan castigar
fuertemente a inmigrantes y crea un clima de miedo
entre la población.
El maltrato de los indocumentados y el bienestar
de las familias son temas que el Papa entabló con
el primer mandatario estadounidense, y dijo que hay
una necesidad de tener una política amplia
sobre inmigración, una reforma migratoria
que tantos y tantos inmigrantes esperan y algunos
políticos buscan. Es uno de los temas que
el Papa y el presidente tienen en común y
Bush concuerda con el sumo pontífice sobre
la reforma migratoria.
El hablar con el presidente es un gesto bonito, pero
la gente con quien Benedicto tenía que hablar
es la del Congreso. Ahí en la ceremonia de
bienvenida estaba la líder de la Cámara
de Representantes, Nancy Pelosi, de California, que
como buena católica le besó el anillo
y lo saludó efusivamente. Pelosi es la líder
de la rama legislativa que ni aguaje hizo para traer
el tema de la inmigración a la agenda de la
cámara baja. Siguen las redadas y las políticas
nefatas contra los inmigrantes, y estos políticos
no hacen nada. Con Pelosi es con quien tenía
que haber hablado el Papa.
El Papa además comentó que se necesitan
desarrollar programas de asistencia económica
en países en desarrollo para que la gente
no se sienta obligada a salir de su tierra en busca
de un porvenir en tierras lejanas. ¿Qué será más
difícil, impulsar una medida de reforma migratoria
en el congreso estadounidense, o hacer que los gobiernos
latinoamericanos dejen de usar a sus compatriotas
en el extranjero como válvula de escape económico,
remesas humanas para no hacer nada sobre condiciones
en sus países?
Y hablando de cosas sin resolver, la legislatura
aprobó extender por una semana más
el actual nivel de fondos para el Departamento federal
de Agricultura mientras tratan de llegar a un acuerdo
sobre gastos para el año entrante. El debate
se centra sobre subsidios a grandes empresas de procesamiento
de productos agrícolas, y mientras hay un
tira y jala con eso, están en juego miles
de millones de dólares para una variedad de
programas de interés a familias latinas de
bajos recursos, como cupones de alimentos y cuidado
de salud en zonas rurales, entre otros.
Con otra legislación, los congresistas están
intentando detener unos recortes propuestos por la
Casa Blanca al programa de Medicaid –cuidado
médico para personas de bajos recursos– y
extender beneficios de desempleo. Que aprovechen
que el Papa anda por aquí y que pidan la intervención
eclesiástica.
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