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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Afortunadamente
desde que ocurriera la tragedia en la Universidad
Politécnica de Virginia (Virginia Tech), no
se ha visto una gran ola de represalias contra inmigrantes
como algunos grupos temían dado que el autor
de la peor masacre en la historia del país
era un muchacho natal de Corea del Sur.
El tema de la inmigración se ha politizado
a tal grado que no debe de sorprenderle a nadie que
el temor de un gran desquite contra inmigrantes exista,
dice el congresista demócrata Luis Gutiérrez,
de Chicago. “Yo lo pensé y es una pena
que muera esta gente y uno tenga que estar preocupado
por la posibilidad de que vaya a pasar algo en contra
de los inmigrantes”, dijo Gutiérrez
en un reciente foro sobre la inmigración.
Hasta ahora, por fortuna, el público entiende
que la raza étnica del agresor en nada tuvo
que ver.
Mientras tanto, la posibilidad de una reforma migratoria
sigue siendo un tema polémico en la capital
federal. Esta semana, grupos conservadores auspiciaron
una manifestación en Washington y unas reuniones
en el Congreso para abogar en contra de que se apruebe
una reforma migratoria que ellos consideran amnistía. “Nosotros
no estamos en contra de los inmigrantes”, dijo
uno de los manifestantes. “De lo que sí estamos
en contra es que la gente entre (al país)
ilegalmente y esperen conseguir la residencia legal
así porque sí. Eso no es justo”.
Y precisamente ese detalle es el que tiene estancado
el asunto en la legislatura. Por un lado están
los congresistas como Gutiérrez, que auspician
una legislación para tratar de resolver el
asunto de qué hacer con los millones de indocumentados
ya en el país, y por otro lado están
los congresistas que insisten que cualquier tipo
de legislación que ofrezca pasos hacia una
legalización –aunque incluya un requisito
de pagar multas y esperar años– es amnistía,
y conforme se va acercando la temporada de las elecciones
presidenciales, esa ala va ganando. Por eso, esta
semana, en una reunión casi sin precedentes,
legisladores latinos de ambos partidos se reunieron
con el presidente Bush para abogar por una reforma
migratoria y pedirle a primer mandatario a que presione
a sus colegas republicanos.
El grupo de congresistas hispanos calificó la
reunión como “un importante paso” hacia
un apoyo bipartidista. Pero el problema nunca ha
sido el apoyo del presidente Bush, quien desde el
principio ha dicho estar a favor de una reforma migratoria.
El problema es que el primer mandatario tiene muy
poco capital político en el Congreso con el
que puede contar y no está muy claro que él
se quiera meter dentro de esa vorágine legislativa
cuando tiene el caos de Irak y las crecientes voces
de su propio partido que piden la renuncia del procurador
general Alberto Gonzales, entre otros asuntos.
Tampoco está muy claro que haya una voluntad
para enfrentar el tema en el Congreso con la seriedad
que amerita. La legislación que presentara
el congresista Gutiérrez todavía no
ha sido asignada a un comité para ser discutida,
y la presidenta de la Cámara baja, Nancy Pelosi,
sigue sin considerarle suficiente prioridad como
para ponerla en la lista de asuntos pendientes. En
la Cámara alta el líder del Senado,
Harry Reid, ha dicho que dedicaría parte del
mes que viene al tema, pero una parte no puede hablar
por dos. A un año de las marchas, y estamos
en las mismas.
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guadalupe@washingtonhispanic.com
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