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Hay
situaciones que surgen en los momentos más
imprevisibles, cuando parecieran haberse perdido
todas las esperanzas y la confianza en los valores
más intrínsecos de la sociedad.
Nos referimos a los trágicos acontecimientos
que ensombrecieron la nación en los últimos
días y que nos hicieron reflexionar sobre
los aspectos más recónditos de la
condición humana.
Las 33 vidas perdidas por la increíble y
aparente acción de una sola persona, en
la prestigiosa Universidad Tecnológica de
Virginia crearon tristeza y desazón en el
seno de la ciudadanía. ¿Cómo
levantar el ánimo de la gente después
de esta masacre sin nombre?
Pero la humanidad es más grande que todos
sus problemas. |
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Y así lo
constatamos con la demostración de solidaridad
puesta en marcha esta semana por la comunidad de
Woodbridge, en Virginia, como lo damos a conocer
en esta edición.
El vecindario se ha puesto de pie para evitar que la señora Betty Cueva,
madre de una de las víctimas, pueda perder su casa. En una extraordinaria
demostración de amor filial, esa vivienda fue adquirida por su desaparecido
hijo Daniel, cuando éste tenía 18 años, en el 2005. Trabajó duramente
desde los 16 años para hacer realidad uno de sus sueños: comprar
la casa para la madre que tanto se sacrificó por él y su familia,
todos inmigrantes hispanos.
Por eso, la acción de solidaridad del vecindario de Woodbridge debería
extenderse a toda la comunidad residente en esta nación para contribuir
con un granito de arena en esta colecta que tiene el noble fin de preservar la
morada que con mucho amor Daniel compartió con su madre.
Con el apoyo de todos no dejemos que su sueño se desvanezca. |