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Hay
pocos momentos en el año, como esta semana,
en que vale la pena mirar hacia nuestro interior
y reflexionemos sobre nuestras acciones y sobre
lo que está pasando a nuestro alrededor.
La resurrección de nuestro Señor
Jesucristo, quien murió por nuestro pecados
y enseñó al mundo el valor de la
compasión y la sabiduría del noble
gesto de mostrar la otra mejilla antes del venenoso “ojo
por ojo, diente por diente” no debe ser olvidada.
Los principios cristianos del amor al prójimo
y el respeto y cuidado de la familia como la base
central de nuestra sociedad, incluyen la sabiduría
divina y milenaria que enseñan las Escrituras
Sagradas.
Es necesario que en estos tiempos en que el vértigo
de la vida moderna nos hace vivir la vida casi
sin pensar y
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corriendo
de un lado para el otro, que nos demos un espacio
para ver como nos paramos ante la vida y ante nuestros
seres queridos.
Muchas veces las peleas familiares -entre padres e hijos o entre hermanos por
mencionar dos ejemplos comunes- son mucho más hirientes y dañinas
que otras malas experiencias que tenemos que sufrir en la vida.
Es por eso que no debemos olvidarnos de los principios cristianos del amor y
la familia, porque de algún modo siempre tenemos un vínculo de
identidad y afecto con nuestros seres queridos, sin importar que pertenezcan
al pasado, al presente o incluso, al futuro.
Es por todo esto querido lector, que desde las páginas del Washington
Hispanic te deseamos felices pascuas y un mensaje de amor, amistad y esperanza. |