| Chiquita
en grandes problemas |
Por: María
Elena Salinas
Chiquita
Brands International, mejor conocida entre los consumidores
por los plátanos que compran en el supermercado, tendrá que
pagar una multa de 25 millones de dólares como parte
de un acuerdo judicial en Estados Unidos por sus tratos financieros
con un grupo terrorista de Colombia. Tendrán que vender
muchos plátanos para cubrir esa multa. Pero cuando
consideramos lo que esas acciones implican, la sanción
monetaria es apenas una llamada de atención.
Casi 2 millones de dólares fueron pagados por ejecutivos
de Banadex, una filial de Chiquita Brands en Colombia, a
las Autodefensas Unidas de Colombia, nombre oficial de los
paramilitares. Los ejecutivos de la compañía
admitieron haber hecho más de 100 pagos entre 1997
y 2004 al grupo para “protección”, primero
a una compañía de seguridad ficticia y después
directamente a Carlos Castaño, ex líder de
los “paras”.
Los ejecutivos aseguran que fue necesario para poder operar
en la región y proteger a sus empleados. Es común
que empresas multinacionales que operan en América
Latina o en otros países paguen altas cuotas para “protección” en áreas
de conflicto cuando el gobierno no está en capacidad
de defenderlos. Ese es el caso de Colombia, donde el gobierno
y los militares están de por sí saturados.
Aun así, la oficina del fiscal general de Colombia
dice que el argumento de Chiquita de que entregó el
dinero para proteger a sus empleados no tiene peso ya que
no se trató de “una relación entre extorsionador
y extorsionado, sino una relación criminal”.
La compañía a sabiendas amparó a un
grupo cuyo propósito, entre otros, es el de matar,
dicen.
Los problemas legales de Chiquita se presentan en dos frentes.
Ha violado las normas colombianas que prohíben pagos
por rescate y ha violado las políticas estadounidenses
que prohíben hacer negocios o tener tratos financieros
con terroristas. Tanto los paramilitares como los grupos
guerrilleros izquierdistas de las FARC y el ELN están
en la lista de grupos terroristas del Departamento de Estado.
En Colombia ambos bandos, de izquierda y derecha, están
en el negocio del secuestro, extorsión y asesinato,
y los dos están enfrascados en una cruenta batalla
para controlar el lucrativo negocio de las drogas. Pero últimamente
ha habido un mayor escrutinio de aquellos con vínculos
a los paramilitares, incluyendo a varios legisladores allegados
al gobierno del presidente Álvaro Uribe, al igual
que altos mandos militares.
Según informes de prensa, durante los años
en que Chiquita pagó dinero por protección
a los paramilitares hubo 62 masacres en la región
de Urabá cobrando la vida de 430 personas, la mayoría
de ellos campesinos pobres, muchos que incluso trabajaban
en las plantaciones de banano. A los paramilitares se les
responsabiliza de tres cuartas partes de los asesinatos en
20 años, y están acusados de asesinar a más
de 20.000 personas.
Años antes de hacer pagos a los paramilitares, Chiquita
le pagaba “vacuna” a las FARC que controlaban
la región de Urabá, pero no fue multada por
esos pagos porque las reglas que permitieron el castigo fueron
establecidas después de los ataques terroristas del
11 de septiembre de 2001.
Algunos líderes políticos de oposición
en Colombia se quejan de que las grandes compañías
multinacionales no sólo explotan los recursos naturales
de su país para obtener ganancias económicas,
sino que en el proceso se convierten en cómplices
de las atrocidades cometidas contra personas inocentes financiando
los grupos al margen de la ley.
El gobierno colombiano está pidiendo que Estados Unidos
extradite a los principales directivos de la empresa que
tiene su base en Cincinnati, y que aprobaron los pagos ilegales.
Es dudoso que lo haga, pero el pedido pone al país
en una posición delicada con su más cercano
aliado en Sudamérica. Y es que Colombia ha extraditado
hacia Estados Unidos a docenas de sospechosos buscados mayormente
en este país por crímenes relacionados con
el narcotráfico. La gran pregunta es si el gobierno
del presidente Bush estará dispuesto a entregar a
empresarios estadounidenses acusados de hacer negocios con
un grupo terrorista a un gobierno que tiene vínculos
con esa misma organización.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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