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especial

 
Patricia Guadalupe
Columnista

El alto costo de la gasolina. La situación en Irak. El genocidio en Darfur. El creciente problema del déficit presupuestario. La inmigración. En lugar de discutir a fondo estos y otros asuntos preocupantes, esta semana los legisladores del Senado federal decidieron tomar las riendas como gente seria que son y lidiar con un tema que nos tiene aterrorizados y seguramente perdiendo el sueño mientras nos ganamos el pan de cada día: el himno nacional, el llamado Star Spangled Banner, cantado en español (¡Jolines!).

Los senadores votaron por consentimiento unánime (un procedimiento parlamentario donde se aprueban medidas legislativas sin voto cuando no hay quienes estén en contra y se quiera agilizar el proceso) por una resolución auspiciada por el senador republicano Lamar Alexander de Tennessee, quien originalmente presentara la medida el primero de mayo, el mismo día del boicot nacional a favor de los inmigrantes.

" Hoy, a través de todo el país, miles y miles de inmigrantes, legales e ilegales, están marchando y participando en mítines. Muchos dicen que quieren ser americanos", dijo el senador Alexander. "Como parte de estas manifestaciones, una nueva versión de nuestro himno nacional ha sido producido en español. Nunca antes se ha visto una versión en otro idioma y esto (el himno en español) es un mal paso. Somos una nación de inmigrantes. Nuestros antecedentes vinieron de diferentes países hablando una variedad de idiomas", continúa su ponencia seudo-académica. "Pero cuando llegaron aquí coincidieron en hablar un idioma común, un idioma con el cual nos podemos hablar el uno al otro, un idioma que nos une como nación, y ese idioma es el inglés".

Dejemos a un lado la falta de sensatez de perder tiempo en el pleno del Senado federal discutiendo un tema que, si vamos a hablar en serio, no viene al caso cuando hay tantos otros asuntos que pudieran ocupar en la rama legislativa. Lo que dice el senador Alexander es simple y sencillamente incorrecto. La primera versión del himno nacional estadounidense en un idioma que no fuera el inglés no apareció de repente la semana pasada. Ni el mes pasado, ni el año pasado. La primera traducción del que se sepa fue en 1861, cuando se tradujo al alemán para que se cantara por inmigrantes alemanes. Ese mismo año salió una versión en latín. Años después fue traducido al yidish por inmigrantes judíos, y al francés por inmigrantes en Luisiana. También al samoano por los residentes de esa isla en el Pacífico que ahora es territorio estadounidense. En 1919, aparece la primera versión en español por el arreglista y conductor de orquesta Walter Damrosch. Así es, antes que la comunidad hispana comenzara a cobrar fuerza, el mismísimo gobierno federal, a través del Departamento de Educación, pidió que se tradujera al español, resultando en "La Bandera De Las Estrellas". La versión oficial se encuentra aquí en Washington, en la Biblioteca del Congreso, al cruzar la calle de la oficina del senador Alexander.

Es interesante saber además que el Proyecto Nacional del Himno (Nacional Anthem Project), establecido para instruir a escolares y al público en general sobre el himno y otros temas cívicos, mantiene una versión tipo mariachi del himno. La primera dama Laura Bush dirige la organización como presidenta de honor. Y por muchos años ya, en el sitio de Internet del Departamento federal de Estado (www.state.gov) ya había una versión del himno en español.

El presidente Bush comentó recientemente que el himno debería ser cantado solamente en inglés, pero aparentemente se le olvidó que durante su campaña presidencial lo hizo en castellano durante un evento latino. Cuando esto se dio a conocer de nuevo hace poco, la Casa Blanca comentó que el presidente no es lo suficientemente elocuente en español como para cantar el himno y que su intervención durante la campaña fue por sólo unos segunditos. ¡Sí, cómo no!

Y mientras el mundo gira, y truena en Irak, y compañías petroleras siguen con ganancias fuera de este mundo mientras le aprietan los bolsillos a los conductores, y el déficit continua sin parar, y quién sabe cuántas otras cosas estén pasando, nuestro querido Senado federal, con su gran juicio colectivo, decide que es mucho más prudente darle importancia a la xenofobia.

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