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En
general, el Día de la Madre sirve para
rendir homenaje a nuestras progenitoras, quienes
se merecen no uno, sino 365 días al año
de celebración.
Sin embargo, debido a ciertos acontecimientos,
creemos necesario destinar nuestros pensamientos
y reconocimientos a algunas madres en particular.
En este sentido, la enorme cantidad de madres indocumentadas
que viven en Estados Unidos merecen no sólo
nuestras reflexiones, sino también nuestra
solidaridad. Sólo ellas conocen el miedo
y la angustia de ver a sus familias separadas,
siendo sus hijos la razón de sus vidas.
Por ellas esperamos que la reforma migratoria responda
a sus inquietudes, y que ninguna familia trabajadora
se vea separada por una legislación injusta.
Pero no sólo las madres indocumentadas deben
ser recordadas con especial respeto y admiración,
sino también las madres solteras, esforzadas
mujeres que deben ejercer el
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rol
de padres y madres a la vez, con el fin de ver
a sus hijos realizarse y desarrollarse en base
a sus sacrificios diarios. Para ellas también
van nuestros pensamientos.
Por último, palabras especiales en honor a la memoria de la oficial de
policía y también madre, Vicky Armel, quien murió asesinada
en la Estación de Policía Sully, en Fairfax (Virginia), en manos
de un adolescente de 18 años, aparentemente desquiciado.
Para su familia y sus hijos este será un amargo Día de la Madre.
Sin embargo, esperamos que el recuerdo de ella perdure y que su memoria sea recordada
por su invalorable heroísmo y su legado como madre, amiga y compañera.
Washington Hispanic ofrece un gran reconocimiento a la labor que realizan las
madres en general y desde esta columna desea expresar sus más sinceros
saludos y felicitaciones. |