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El
acuerdo bipartidista que el Senado anunció el
jueves 17 sobre inmigración es un primer
paso, sabio y maduro, para afrontar un tema que
afecta a los hispanos en particular y a los estadounidenses
en general, además de otros grupos de inmigrantes.
El anuncio público de la iniciativa legislativa
y el apoyo inmediato hecho por el presidente George
W. Bush, son los primeros pasos en la dirección
correcta.
Todo sabemos –incluso muchos de los que quieren
ganar votos con el discurso duro contra una reforma
migratoria-, que Estados Unidos se beneficia de
los inmigrantes. No es un asunto nuevo, siempre
fue así, está en la esencia de su
historia.
Contrariamente a lo que sostienen algunos políticos
y analistas, los llegados de otras tierras benefician
a la economía del país, y hacen,
como bien dice el presidente, “los trabajos
que los estadounidenses no quieren hacer”.
Sabemos que el tiempo no sobra y que este verano
es la |
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clave
para saber si contaremos con una reforma migratoria
que beneficie a todos: los inmigrantes y sus familias,
así como a los empresarios, y además
a la economía y seguridad del país.
También creemos apropiado fortalecer la seguridad fronteriza porque es
necesario saber quien entra y sale del país, aparte de que es necesario
detener el paso de los traficantes y posibles terroristas que intenten dañar
a la nación.
Es un secreto a voces que, más allá de agosto, la reforma migratoria
será una misión casi imposible; para entonces se calentarán
los motores de la carrera presidencial hacia la Casa Blanca en el 2008, con la
primera mirada fija en las elecciones internas del invierno próximo.
Es por eso que hacemos votos para que la clase política del país
conduzca con sabiduría y sobriedad este debate y apruebe un proyecto que
beneficie no sólo a los inmigrantes y además preserve la unidad
familiar. |