| |
Tras
una rápida discusión y en el marco
del debate sobre la reforma migratoria, el Senado
aprobó por 63 votos a favor y 34 en contra
una enmienda que declara el inglés como
lengua nacional. A pesar de que la medida se
veía venir, la medida sorprendió a
algunos analistas y politólogos.
Sin embargo, creemos que los millones de inmigrantes
de todos los orígenes que llegaron y siguen
llegando a este país se han puesto una serie
de objetivos y algunas importantes previsiones.
Entre estas últimas se encuentran las de
respetar las leyes, adaptarse al sistema y, por
supuesto, hablar el idioma de este país.
Lo hemos visto inclusive durante las masivas demostraciones
y marchas de inmigrantes, que se produjeron hace
algunas semanas en las grandes ciudades de la nación.
Millones de hispanos desfilaron respetando las
leyes de sus respectivas áreas regionales,
reclamando el derecho a vivir en este suelo. Pero
lo hicieron pacífica y alegremente, con
sus polos blancos y ondeando miles y
|
|
miles
de banderas estadounidenses. Y levantaron orgullosamente
miríadas de carteles y estandartes, con
lemas y frases escritos en inglés.
Son millones de niños y jóvenes –nuestros hijos y nietos-
que van a las escuelas y se expresan en el idioma de Shakespeare. Para no ir
más lejos, legiones de trabajadores se esfuerzan para aprender el inglés,
en academias, escuelas y parroquias. Aquí en DC, una cadena hotelera da
también el ejemplo, haciendo que sus trabajadores participen en un novedoso
programa de entrenamiento en inglés dentro del propio centro de trabajo,
tal como informamos en esta edición.
Como se puede apreciar, la decisión del Senado de preservar el papel del
inglés como lenguaje nacional no es un castigo sino un reto y un desafío
para los hispanos que aún no lo dominan. En este caso también vale
el lema de batalla del legendario César Chávez: ¡Sí se
puede! O mejor dicho, ¡Yes, We Can! |