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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Casi
inmediatamente después de que se anunciara
un acuerdo bipartidista de reforma migratoria la
semana pasada, empezó el cabildeo intenso
de ambos lados. Primero el presidente Bush, que dedicó todo
su discurso radial del sábado al tema, diciendo
que el proyecto de ley tiene todas las medidas que
se necesitan para tener una verdadera reforma migratoria,
como mayor seguridad fronteriza, un programa de trabajadores
huéspedes, y un plan para tratar de arreglar
la situación de los aproximadamente 12 millones
de indocumentados actualmente en el país.
Pero a la vez, los mismos grupos que quieren una
reforma migratoria se quejan que las multas y otros
costos que deberían pagar los indocumentados
son demasiado altos. Se quejan, además, del énfasis
en niveles educativos y destrezas particulares que
el proyecto destaca, en vez de lazos familiares.
También se preocupan porque el proyecto de
ley requeriría que algunos inmigrantes regresen
a sus países natales y esperar allá para
tramitar la residencia legal.
También se quejan los sindicatos, los cuales
dicen que el programa de llamados trabajadores huéspedes
crearía una clase de obreros de segunda clase
que cobrarían menos y pudieran ser fácilmente
explotados.
Y otro grupo, aún más enérgico
en sus críticas, es el puñado de ultraconservadores
que no quieren nada que para ellos sea una amnistía. Éstos
han hecho un cabildeo fuerte, diciendo que el ofrecer
pasos hacia una residencia legal y quizás
eventual ciudadanía es recompensar a los que
no le hicieron caso a las leyes del país al
entrar ilegalmente.
Todo ese desorden jugó un papel principal
en la decisión del liderazgo demócrata
de postergar una discusión a fondo y el voto
por la legislación al menos hasta principios
del mes que viene, cuando regresen de su receso del
Día de la Recordación de Militares
Caídos, o Memorial Day.
Hasta la fecha, hay mayor oposición que apoyo
porque nadie –salvo algunos legisladores que
negociaron la medida- está satisfecho, y los
senadores han recibido miles y miles de llamadas
del público, y se dice que la mayoría
son de los que están en contra. Si todo va
como parece ir, otra vez los inmigrantes desafortunadamente
tendrán que volver a esperar porque si no
se hace ahora con este Congreso, el tema queda nulo
hasta que entre otro presidente y otro Congreso.
Y eso, si tienen voluntad para tomarlo. Si nos dejamos
ir por lo que está ocurriendo actualmente,
la comunidad migratoria quedará fastidiada
y en las sombras.
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