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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Aunque
sabemos que éste es un país de inmigrantes,
aparentemente el defenderlos les molesta a los racistas
anónimos que no tienen ni el valor de presentar
la cara. Me refiero a una serie de amenazas que han
recibido varios legisladores latinos que abogan por
los derechos de los inmigrantes. El congresista demócrata
Luis Gutiérrez, de Chicago, cuenta que le
han llovido llamadas de personas exigiendo que el
legislador “se regrese a México”.
Gutiérrez nació en Chicago, de padres
puertorriqueños. La legisladora demócrata
Linda Sánchez, de Los Angeles, la única
congresista latina en el Comité Judicial,
le dijo a la Prensa Asociada que su oficina recibió tres
ladrillos, cada uno envuelto en una nota diciéndole
que las use para ayudar a construir un muro a lo
largo de la frontera con México. Y el senador
Ken Salazar dice que ha sido acusado de estar involucrado
en el tema de la inmigración simplemente por
ser méxico-americano. Los ignorantes que llaman
su oficina aparentemente no saben que su familia
ha sido dueña de unos terrenos en el sur de
Colorado y han cultivado esas tierras por unos 150
años, y que su familia fundó la ciudad
capital de Santa Fé, en el estado de Nuevo
México.
“
Fuimos parte del panorama estadounidense y su historia
antes de Plymouth Rock y Jamestown (ciudades fundadas
por los llamados “pilgrims” y por el
cual se celebra el Día de Acción de
Gracias, o Thanksgiving)”, dijo Salazar. “Entonces,
cuando la gente me acusa de violar leyes migratorias,
están equivocados”. Y como decía
el gran comediante mexicano Cantinflas, “ahí está el
detalle”. Gran parte del suroeste y oeste de
Estados Unidos le pertenecía a México,
y muchos se olvidan que cuando estos estados pasaron
a manos estadounidenses, ya ahí vivía
gran número de gente. Sus descendientes continúan
ahí; seguramente llevan más tiempo
que los antepasados de los ignorantes que brotan
bazofia de la boca.
Hablando de ignorantes, volvió el Senado federal
a dejar tomarse rehén de un grupito de conservadores
para perder el tiempo votando por unas enmiendas
relacionadas al idioma inglés. Dentro del
debate migratorio, mientras lidiaban con tratar de
llegar a un acuerdo final antes del receso de Memorial
Day este viernes, aprobaron una medida para declarar
el inglés como el idioma oficial de país,
aparentemente preocupados que el inglés corría
el riesgo de desaparecer. ¿Quién dijo
que los inmigrantes no quieren aprender inglés?
Parece que estos legisladores se olvidaron que, a
pesar de la gran cantidad de idiomas que se hablan
en este país y la gran cantidad de medios
en español y otros idiomas, pocos son los
inmigrantes que no quieren aprender inglés.
Las clases están siempre abarrotadas de gente,
y en cualquier lugar siempre hay una lista de espera.
Todos sabemos que uno deber aprender inglés
para progresar en este país, pero a la vez
no quiere decir que uno deje de hablar otro idioma,
y éste es el problema con muchos legisladores.
Se dejan llevar por la ignorancia y no se dan cuenta
que el hablar más de un idioma es un gran
beneficio, especialmente en la creciente economía
global en que vivimos. Un puñado de políticos
en puestos de liderazgo fomenta una política
xenofóbica y atrasada, y para colmo, culpan
a los inmigrantes (en este caso, latinos) por los
supuestos males que acecharían al país.
Por Dios, ¿cuáles poderes mágicos
tienen los inmigrantes latinos para destruir el país
hablando español? Además, ¿quién
dijo que aquí en Estados Unidos todos hablan
un inglés perfecto? En una reciente manifestación,
una mujer portaba una pancarta en contra de una amnistía
que decía: “No Amety”. Oiga señora,
es “Amnesty”. Quizás una mejor
manera de perder el tiempo en el Senado es aprobando
una medida de clases en inglés para los nacidos
en este país. Por lo menos los manifestantes
en los mítines pro-inmigrantes sabían
deletrear, y en inglés también, por
si acaso si presentaba algún elemento que
no entendía para qué era la protesta.
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