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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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¿Qué clase de candidato
presidencial del partido demócrata hace de
la palabra “cambio” su principal y más
importante mensaje, acusa a sus rivales de decir
lo que sea para llegar a la Casa Blanca y luego hace
un giro total de una política que apenas hace
poco calificaba de inhumana? Eso es lo que varios
demócratas se preguntan sobre el senador Barack
Obama y su discurso de hace unos días, ante
un público de cubano-americanos en Miami.
Cuando Obama se postuló al Senado en el 2004,
dijo que el actual embargo que Estados Unidos mantiene
desde los ’60 contra la isla de Cuba, es una
política de la vieja guardia que ya no funciona
y debe de ser eliminada. Muchos de sus correligionarios
en el partido, piensan lo mismo y han estado cabildeando
en el Congreso para que se cambie. Si vamos a negociar
con el gobierno chino, dicen, ¿por qué no
con Cuba? Incluso algunos republicanos también
quieren que se cambie, diciendo que empresarios estadounidenses
están perdiendo contra otros países
que entran a Cuba como “Pedro por su casa”.
Pero, ¿qué fue lo que dijo Obama en
Miami? Casi todo lo contrario que había dicho
durante su campaña por el Senado. Eso sí,
afirmó que eliminaría la muy criticada
actual política de restringir viajes de familiares
a la isla, pero comentó que mantendrá el
embargo como “palanca” e incentivo del
gobierno estadounidense mientras negocian con el
gobierno cubano. Si el resto del mundo le estuviera
haciendo caso al embargo, quizás funcionaría,
pero esa política fracasada es la gran burla
del mundo, especialmente cuando el resto del mundo
ve que Estados Unidos no tiene absolutamente ningún
problema de relacionarse con un régimen igual
de autoritario pero obviamente más poderoso:
la China, y califican el trato con Cuba como hipocresía.
Y hablando de cambio donde no lo hay y de cosas absurdas
donde sí están, los residentes de la
isla vecina de Puerto Rico están en todo un
frenesí político anticipando la primaria
demócrata este fin de semana. Que los residentes
no tienen derecho a votar por presidentes, e incluirlos
en las primarias presidenciales, fueron inventos
de políticos de antaño para complacer
a los que se quejaban que no dejaban a los isleños
participar plenamente en la política del país,
que los mandaba a la guerra, y es más fácil
inventarse una primaria, que lidiar con la relación
política entre los dos países. Se espera
un gasto millonario en una primaria que nunca contaba
para nada, y la participación de al menos
el 92 por ciento de los votantes para votos que cuentan
ese día pero finalmente no cuentan. ¡Qué locura
esta democracia nuestra!
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