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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Esta
semana se llevaron a cabo marchas a través
de todo el país a favor de una reforma migratoria.
Los manifestantes estaban tratando de instar al Congreso
federal a que por fin tome el tema y haga algo sobre
el estatus migratorio de los aproximadamente 12 millones
de indocumentados actualmente en el país.
Pero, a diferencia de 2006, esta vez participó una
cantidad mínima de gente, especialmente en
la capital federal, donde se calcula un centenar
de personas salieron a las calles. Seguramente se
acuerdan de las manifestaciones de la pasada primavera,
con cientos de miles rodeando la zona del Capitolio
federal. ¿Y esta vez, qué pasó?
Algunos hablan del cansancio que sienten como resultado
de marchas que no llegan a nada concreto. Otros dicen
que simplemente no pueden faltar al trabajo o clases.
Pero un creciente grupo de activistas asevera que
la falta de participación se debe en gran
parte al verdadero miedo que sienten muchos inmigrantes
a que vayan a ser una víctima más de
las “redadas”. Según cifras del
mismo gobierno federal, más de 220.000 personas
fueron deportadas en 2006, y suponemos que muchas
fueron arrestadas en una de esas crecientes redadas
que estamos viendo en el país. Es una situación
preocupante, dicen los grupos de defensa de los inmigrantes,
porque está creando un ambiente de miedo,
pánico y desconfianza. En muchas de las redadas,
averiguan que muchos sí están aquí legalmente,
y la cantidad que arrestan no es lo suficiente como
para justificar meterle miedo a la comunidad entera.
¿
Y qué dice el partidario en la Casa Blanca
de la reforma migratoria sobre el tema de las redadas?
Absolutamente nada. Hace unos días legisladores
latinos de ambos partidos se reunieron con el presidente
Bush para hablar de una reforma migratoria, y le
pidieron que ordene un cese a las redadas. Hasta
el sol de hoy, Bush no ha dicho nada. Él tiene
el poder de hacerlo, pero ante los congresistas latinos,
no dijo nada. El Departamento de Seguridad Doméstica
(DHS, por sus siglas en inglés) se jacta de
anunciar lo bien que va todo y cómo en cada
ciudad arrestan a equis cantidad de indocumentados.
Por supuesto que nunca dicen que la cantidad que
arrestan es mínima en comparación al
nivel de pánico que crean, y a veces perjudican
el bienestar de una comunidad entera, como la vez
que arrestaron a una gran cantidad de mujeres que
trabajaban en una fábrica en las afueras de
Boston, y se las llevaron sin decirle nada a los
familiares, incluyendo niños que esperaban
a sus padres al terminar las clases, desesperados
sin saber por qué no habían ido a recogerlos.
O la vez en Chicago que se quedaron unos bebés
sin comer por varias horas porque no llegaban sus
mamás, víctimas de redadas.
El presidente ha dicho que quiere una reforma migratoria
integral que a la vez sea comprensiva y funcione
con compasión hacia la comunidad que él
mismo ha dicho trabaja duro y aporta al país.
Pero su silencio en cuanto a las redadas está causando
que muchos en la comunidad digan que él es
pura bucha y pluma. Si de verdad es cierto que el
presidente Bush quiere una reforma justa, lo primero
que tiene que hacer es lo justo: ordenar un cese
a estas redadas. Estamos en Estados Unidos 2007,
no en la Alemania de los años ‘40.
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