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especial

 
Patricia Guadalupe
Columnista

Cuando de temas controversiales se trata, nunca faltan quienes están dispuestos a echarle leña al fuego. Esta semana, el coro de histeria viene gracias al grupo "Ustedes No Hablan Por Mí (You Don't Speak for Me, en inglés)", un grupito (algunos dirían frente) recién formado por la organización conservadora Federation for Immigration Reform (Federación para la Reforma Migratoria), mejor conocida como FAIR por sus siglas en inglés. El mismo día de las marchas y manifestaciones nacionales este pasado lunes, el grupo auspició una conferencia de prensa en el National Press Club donde uno por uno hablaron de lo "injusta" que es la inmigración ilegal, que no todos los hispanos, según ellos, piensan que se le debería "entregar" la residencia legal a los millones de indocumentados que "rompieron leyes" al entrar al país, que éstos se deberían poner en fila y esperar como haría gente decente que cumplen con las leyes, bla, bla, bla.
Ofrecieron un momento cómico cuando rehusaron contestar preguntas en español a la prensa hispana, con una gritando en inglés, "aquí todos entendemos inglés", y otra diciendo, también en inglés, que "hablo con acento (en inglés) pero me doy a entender".

Pero el momento más entretenido fue patrocinado por la arquitecta de descendencia mexicana Claudia García Spencer, quien alzó el nivel de histeria al acusar a los inmigrantes indocumentados de cada delito habido y por haber, diciendo que deberíamos cuidarnos, cerrar nuestras puertas, velar a nuestros hijos, porque, Virgen Santísima, viene un ilegal por ahí con pandillas, y sabe Dios qué pudiera pasar.

Es cuestión de seguridad nacional, dijo otro integrante de la payasada matutina.
Okay, vamos DE NUEVO a refrescarles las mentes a éstos y otros que desde los ataques de 2001 insisten en usar a los latinos como chivos expiatorios.

¿ Cuántos latinos estaban entre los que secuestraron los aviones que chocaron contra las torres gemelas, el Pentágono, y en Pensilvana? NINGUNO.

¿ Era latino Timothy McVeigh, el acusado de cometer –antes de 2001- el peor acto terrorista en la historia del país cuando hizo estallar el edificio federal en Oklahoma en 1995, matando a 168 personas, incluyendo muchos niños? NO. McVeigh era un anglosajón de un pueblo rural cerca de la cuidad de Buffalo, en el estado de Nueva York.

¿ Eran latinos Eric Harris y Dylan Klebold, los dos muchachos que en 1999 mataron a 13 estudiantes y un maestro durante un tiroteo en su escuela superior en las afueras de Denver antes que se suicidaran, un crimen que en ese entonces también fue denominado como parecido a un acto terrorista? Harris y Klebold eran jóvenes anglosajones de familias adineradas. Por cierto, en ese acto endemoniado murió un estudiante afroamericano, asesinado porque no era anglosajón.

Con solamente esos ejemplos, ese grupito del press club no habla por mí ni por ninguna otra gente cuerda.

Hablando de gente cuerda, legisladores de la Cámara de Representantes han llegado a un raro acuerdo bipartidista para reautorizar la llamada Ley de Derechos al Voto (Voting Rights Act, en inglés), inicialmente aprobada en 1965 para asegurar que nadie sea discriminado en las urnas electorales. Este año se reanuda por primera vez desde 1982, y asegura que autoridades estatales tengan disponibles papeletas bilingües y ofrezcan asistencia en español y otros idiomas en comunidades donde haya una concentración de residentes con poco o ningún entendimiento del inglés. En esta reautorización, legisladores también requerirán que estados con historial de discriminación racial –como estados sureños y ciertas partes de California- consigan autorización federal antes de cambiar leyes electorales.

Y aquí viene lo irónico: el proyecto de ley para reautorizar ésta ley es auspiciada por nada más y nada menos que el republicano James Sensenbrenner. Ustedes lo conocerán como el que auspicia la nefasta propuesta aprobada por la Cámara baja que ha provocado todas estas manifestaciones sobre inmigración. Se ve cada cosa, ¿no?

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