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La
población mundial observa con preocupación
la serie de fenómenos naturales que afectan
el planeta en los últimos tiempos. Desde
huracanes y tornados en nuestro territorio hasta
destructivos terremotos, erupción de volcanes
que estaban en silencio por siglos y cataclismos
como el que acaba de golpear el remoto territorio
de Birmania, también conocido como Mianmar.
Ya se habla de 100 mil víctimas fatales
causadas por el ciclón Nargis, que además
ha devastado varias ciudades de esa nación
del sudeste asiático.
En estos momentos los saqueos, el hambre y las
enfermedades han caído como las siete plagas
de Egipto sobre Birmania, un país gobernado
con mano fuerte por un gobierno dictatorial. Un
régimen militar que inclusive en estos momentos
de dolor ha puesto trabas a la ayuda internacional,
negándose a dar visas a las brigadas humanitarias
de las Naciones Unidas o a recibir aviones estadounidenses
cargados de alimentos y medicinas. |
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Hechos
dramáticos como éste nos invitan
a hacer una reflexión. Comprobamos una vez
más lo pequeños que somos frente
a los embates de la naturaleza, contra la que muchas
veces poco podemos hacer para enfrentarla y mucho
menos dominarla. Pero, además, verificar
cómo el odio, el egoísmo, el afán
de poder y la venganza se mantienen en algunos
lugares por encima de valores como el amor, la
solidaridad, la cooperación y el perdón.
Y parecería que esa vibración negativa
está provocando la devastadora reacción
de la Madre Naturaleza.
Es la condición humana, dirán algunos,
pero nuestra respuesta es que eso sí lo
podemos cambiar. Para ello, basta que la humanidad
sea consciente de que hay un Ser Supremo que siempre
guía nuestros pasos y ante quien tendremos
que rendir cuentas al final de nuestros días.
Estamos seguros que con las armas de la solidaridad
y el positivismo lograremos vencer las secuelas
del odio, las guerras y las propias devastaciones. |