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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Esta semana estuvo México
como uno de los temas principales en el Congreso
estadounidense, al debatirse un plan de fondos para
ayudar al vecino país en la lucha contra el
narcotráfico. Los legisladores debatían
el llamado Plan Mérida (cuyo nombre proviene
de la ciudad en donde inicialmente se hizo el acuerdo),
con algunos congresistas diciendo que es absurdo
eso de darle miles de millones de dólares
a México cuando aquí se está pasando
por una crisis económica. Otro legislador
dijo que la Casa Blanca no debería pensar
que el Congreso es un banco para lo que quiera el
presidente, mientras que algunos argumentaban que
no se debería enviar “ni un centavo
más” a México hasta que no hagan
mayores esfuerzos por reforzar la frontera.
El gobierno de México, además, criticaba
varias propuestas en la legislación que decían
atenta contra la soberanía, tales como el
monitorear las agencias que recibieran los fondos
(como la rama militar) y exigir varios cambios al
sistema legal. Los legisladores finalmente aprobaron
una medida que elimina algunos de esos requisitos –aunque
mantiene una propuesta de negarle fondos a México
si se determina que hay violaciones de derechos humanos– y
destinaría menos fondos, y ahora el proyecto
de ley va al Senado. Ahí está uno de
los que más se opone a la medida –que
fue el influyente senador demócrata Patrick
Leahy, de Vermont, quien comentó que el Congreso
no es un banco para el presidente Bush– y pudiera
influir en el voto del resto de los senadores.
A pesar de que legisladores intentan enfocarse en
diversos proyectos de ley, el tema número
uno en Washington sigue siendo la contienda presidencial.
Ya se sabe que el senador Barack Obama de Illinois
es el virtual nominado por el partido demócrata,
pero el duro tira y jala entre el senador y su principal
rival, la senadora Hillary Clinton, ha dejado un
sabor súper amargo en la boca de muchos. Algunos
simpatizantes de Clinton dijeron que por el bien
del partido apoyarían a Obama, pero había
que estar el pasado fin de semana en el discurso
de despedida de la contienda de la senadora Clinton
para ver la reacción de muchos de sus seguidores:
abucheos, llantos, rabia, e incluso una mujer que
salió del edificio furiosa cuando se mencionó el
nombre de Obama. “Honestamente no sé lo
que voy a hacer”, expresó una simpatizante
de Clinton. “Creo que el liderazgo del partido
la forzó a salirse y eso a mí no me
cae bien”, añadió. Ahora vemos
que varios demócratas de política moderada
y conservadora en zonas donde ganó Clinton
no han brincado para el lado de Obama, con varios
de ellos diciendo que están “bien ocupados” con
su trabajo para prestarle atención a la contienda
presidencial, algo que obviamente es tan cómico
que casi no tiene sentido. Y como hemos dicho en
anteriores ocasiones, el gran reto para Obama es
conseguir esos votos. No podrá ganar sin ellos,
y claro que los republicanos saben eso y están
cabildeando fuertemente para que esos votos vayan
con el presunto nominado del partido, el senador
John McCain. Los sondeos continúan señalando
una muy cerrada contienda entre Obama y McCain.
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