| Los “arrestos
colaterales” |
Por: María
Elena Salinas
No
pasa un día sin que Laya sienta temor de ir a
trabajar. Laborar en los campos recogiendo las cosechas de
frutas y verduras, aguantar las inclemencias del tiempo y
estar de pie durante largas horas es físicamente extenuante.
Pero para Laya, peor que eso es el pensar en que en algún
lugar entre los campos del Valle Central de California y
su modesto apartamento en el pequeño pueblo agrícola
de Mendota, pueda ser detenida por autoridades migratorias
y separada una vez más de sus hijos.
Su dramática historia resalta las terribles consecuencias
de las acciones inhumanas de las autoridades migratorias
que parecen más una limpieza étnica que un
cumplimiento de la ley. Las redadas de inmigración
y la búsqueda de fugitivos, lo cual se ha incrementado
notablemente en meses recientes, tiene a millones de inmigrantes
petrificados.
Las autoridades de inmigración dicen que con las redadas
y las búsquedas puerta a puerta intentan detener a
aquellos que tienen órdenes de deportación
por antecedentes criminales o a quienes les ha sido negada
en las cortes una petición de ajuste migratorio. Sin
embargo, si en el proceso los agentes encuentran a otras
personas que no tiene la documentación para demostrar
su estatus legal, son detenidas en el lugar, arrestadas y
deportadas. Ellos les llaman "arrestos colaterales".
Según algunos informes de prensa, de los casi 20.000
arrestos realizados como parte de la Operación Regreso
a Remitente, que empezó hace cerca de un año,
las dos terceras partes han sido "arrestos colaterales".
Laya cae bajo esa categoría. Un día dormía
con sus niños cuando escuchó golpes en la puerta.
Eran agentes del ICE (Oficina de Inmigración y Aduanas)
buscando a una mujer con el mismo nombre de alguien que vivía
en la casa donde Laya se hospedaba. Fue claramente un caso
de identificación errónea, pero procedieron
a arrestar a todos aquellos en la casa que no tenían "papeles".
Laya fue forzada a vestirse delante de los agentes masculinos.
Le dieron una hora para que encontrara a alguien que quedara
al cuidado de sus tres pequeños hijos, todos nacidos
en Estados Unidos. Su hija de 10 años, nacida en México,
tendría que irse con ella. Era de madrugada, no había
nadie que cuidara a los niños, incluyendo un bebé,
y aun así madre e hija fueron arrestadas y deportadas
sin ninguna consideración.
"
Estoy haciendo mi trabajo", le dijo el oficial. Dos
semanas después, luego de pagar miles de dólares
a coyotes y vivir momentos trágicos y angustiosos,
Laya se reunió nuevamente con sus hijos. Como muchos
inmigrantes deportados, ella regresó repitiendo el
peligroso viaje a través de la frontera, esta vez
con su hijita como testigo.
Mientras el senado discutía cómo tratar el
asunto migratorio, cientos de personas eran perseguidas.
En una semana hubo dos grandes operativos migratorios. En
Ohio, tan pronto como se informara de la campaña federal
contra los inmigrantes, unas 400 personas buscaron refugio
en una iglesia local en Painesville, una de tantas en el
país que han ofrecido santuario a familias de inmigrante
que temen ser separadas por las redadas y "arrestos
colaterales".
Según activistas, cerca de 100 inmigrantes fueron
detenidos durante ese operativo. Un par de días después,
otros 100 trabajadores de una planta de procesamiento de
pollos en Butterfield, Mo., fueron arrestados, supuestamente
como parte de una investigación relacionada con robo
de identidad y fraude al seguro social.
La propuesta bipartidista presentada para debate en el Senado
incluye un programa de trabajadores huéspedes y una
posible vía para la legalización de al menos
12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el
país actualmente. Durante una conferencia de prensa,
el Presidente Bush reconoció las dificultades para
manejar el tema de la reforma migratoria. ¿Qué hacer
con la gente indocumentada que se encuentra aquí?,
se preguntó. "Es imposible echarlos del país",
agregó. "Cualquiera que recomiende tratar de
sacar a 12 millones de personas que han permanecido en nuestra
sociedad durante largo tiempo, está enviando una señal
que no es real al pueblo americano. Es una solución
poco práctica".
Bush se refirió a los inmigrantes como: "gente
buena, decente, trabajadora que quiere venir aquí a
trabajar para sostener a sus familias". Pero a pesar
de sus palabras de compasión, las acciones de su gobierno
envían un mensaje diferente. Parece estar diciendo: "agarremos
y echemos del país a tantos como podamos antes que
una nueva ley les permita quedarse aquí". Nuestro
gobierno tiene el derecho a hacer cumplir sus leyes y arrestar
a todos aquellos buscados por actividades criminales, pero
debe poner fin a los llamados "arrestos colaterales" y
dejar de separar a inocentes familias inmigrantes.
(*) Conéctese a www.mariaesalinas.com.
(c) 2007 by Maria Elena Salinas
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