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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Mientras
continúan las negociaciones para reanudar
el debate sobre una reforma migratoria en el Senado,
tenemos un caso que demuestra lo absurdo que son
nuestras leyes de inmigración.
Algunos seguramente
sabrán que anda un soldado latino perdido
en Irak, aparentemente secuestrado con dos colegas
por elementos de al-Qaeda. Uno de los soldados desgraciadamente
fue encontrado muerto. El ejército estadounidense
lleva desde mayo buscando a los otros dos, incluyendo
a Alex Jiménez, de Massachussets, y hasta
el sol de hoy no se sabe absolutamente nada de su
paradero. Ojalá que lo encuentren sano y salvo.
Y ojalá que cuando regrese su esposa esté para
recibirlo. Resulta que ella, Yaderlín Jiménez,
pudiera ser deportada porque entró al país
ilegalmente de la República Dominicana. Las
autoridades se enteraron de su estatus migratorio
cuando su esposo, antes de irse para Irak, le solicitó una “green
card” y comenzó los trámites
para la residencia legal como cónyuge de un
ciudadano estadounidense. ¿Qué política
esquizofrénica tenemos en este país
que podemos deportar a la esposa de un soldado que
anda desaparecido? “No me puedo imaginar una
mayor injusticia que el deportar a la esposa de alguien
que está luchando y posiblemente muriendo
por nosotros”, dice su abogado.
Afortunadamente, mientras que en el gobierno federal
andan funcionarios con púas en el corazón,
un juez de inmigración ha puesto el freno
a la deportación mientras se busca al soldado
Jiménez. Ese y tantos otros casos son vivos
ejemplos de la necesidad de hacer algo concreto sobre
el tema.
Circulan una serie de propuestas que se incluirían
en el proyecto de reforma migratoria, el cual se
espera sea discutida la semana que viene. Una propuesta
obligaría a TODOS los indocumentados que estén
solicitando la residencia legal, a salir del país
mientras tramitan sus solicitudes. Otra limita la
cantidad de visas para los llamados trabajadores
temporales, los cuales no podrían solicitar
la residencia legal. Otra le negaría beneficios
de Seguro Social a los que hayan trabajado ilegalmente,
y así por el estilo. Es más o menos
lo mismo que presentaron en la primera ronda, salvo
que esta vez están dejando que los más
conservadores presenten una que otra enmienda a cambio
de apoyar la medida entera y garantizar que se apruebe.
Eso nos trae a otra absurdidad del tema: los grupos
que fingen solidaridad cuando obviamente no la hay.
Muchos grupos hispanos apoyan la medida de reforma
migratoria aunque dicen tener uno que otro problema.
Es mejor que nada, un buen primer paso, dicen. A
la vez, otros grupos latinos dicen que esta propuesta
es una buena porquería y como basura que es
se debe de tirar. Envían cartas, auspician
conferencias, urgiendo su rechazo. En tanto, estos
dos campos aseguran que presentan un frente unido,
que los desacuerdos son “mínimos”. ¿Caerá este
acuerdo esta vez con la ayuda de nuestra propia comunidad?
No cambien el canal…
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