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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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En
la década de los 1850, existía un partido
abiertamente xenofóbico aquí en Estados
Unidos que creía que la actividad política
de inmigrantes –en esa época irlandeses
católicos- estaba causando grandes disturbios
y corrupción en las principales ciudades de
país. Oficialmente se llamaba The American
Party (El Partido Americano), y fue creado de la
molestia que sentían algunos con el partido
demócrata y su acercamiento a la comunidad
de inmigrantes irlandeses.
Extraoficialmente este
movimiento político era conocido como The
Know-Nothings (Los Sabe Nada) porque cuando se les
preguntaba sobre sus actividades antiinmigrantes
y apoyo de candidatos antiinmigrantes, comentaban “no
se nada”. Varios candidatos a escaños
legislativos y gubernamentales ganaron prometiendo
que, entre otras cosas, iban a nombrar en puestos
de mayor importancia solo a personas nacidas en el
país. Incluso llegaron a elegir alcaldes en
las ciudades de San Francisco, Filadelfia y Chicago,
prometiendo al electorado que los inmigrantes no
podrían trabajar para la ciudad en ningún
trabajo, sea de mayor o menor importancia. La influencia
de los llamados Sabe Nada se desvaneció cuando
el país comenzó a debatir el tema de
la esclavitud y el público le empezó a
prestar atención a ese tema y la eventual
guerra civil que resultara.
No hay necesidad de rebobinar a esa época
turbulenta para pensar que hoy en día estamos
viviendo unos días similares. Salvo que otro
grupo es blanco del racismo de los Sabe Nada de hoy
en día. Unos jóvenes anglosajones en
Houston dejaron por muerto a un muchacho hispano
porque trató de besar a una adolescente anglosajona,
y otro adolescente anglosajón en los suburbios
de Nueva York persiguió con una sierra de
cadena a un latino de 16 años, gritándole
insultos racistas.
Estas y otras actividades antiinmigrantes
se reportan en un informe de la Liga Contra la Difamación
(Anti-Defamation League), un grupo que vigila por
los derechos civiles y raciales. La Liga opina que
la creciente atención al tema de la inmigración
y el debate en el Congreso sobre la misma ha causado
que incidentes contra los hispanos aumenten.
“
El debate sobre inmigración provee un clima
perfecto para que los grupos al margen de la sociedad
que abogan por la supremacía de los anglosajones
se organicen, recluten, y siembren las semillas del
odio y la discordia racial”, dijo Abraham Fox,
director de la Liga.
La historia se repite, como
dicen el refrán.
Por su parte, el liderazgo del partido republicano
aparentemente ha optado por no aprobar una amplia
reforma migratoria antes de las elecciones congresionales
de este noviembre. En cambio, han decidido llevar
a cabo una serie de audiencias a nivel local durante
el receso congresional en agosto para, dicen, “estudiar
el tema más a fondo”. Los congresistas
de la rama conservadora, como se ha dicho en este
espacio en anteriores ocasiones, están molestos
con varias propuestas incluidas en la versión
del Senado, como la posibilidad de legalizar a millones
de indocumentados y el consultar con el gobierno
mexicano antes de construir cualquier muro o bardas
en la frontera. “Queremos tener audiencias
para discutir este proyecto de ley”, dijo el
congresista Dennis Hastert, presidente de la Cámara
de Representantes. “Le he dicho a los presidentes
de los comités de jurisdicción que
salgan (a los distritos) y auspicien audiencias para
ver qué es lo que está diciendo el
público estadounidense sobre el tema”.
Cuando regresen del receso, los congresistas solamente
tendrán un mes para negociar las diferencias
entre las medidas migratorias ya aprobadas por ambas
cámaras, si es que lo ponen en la agenda.
Hastert además añadió que la
principal preocupación debe ser seguridad
fronteriza, y que no ha visto mucho apoyo público
por un plan de legalización de indocumentados.
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