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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Ha
llegado la hora de dejar de velar a muerto y enterrarlo
de una vez. El Senado fracasó el jueves 27
en una llamada segunda vuelta, de votar a favor de
cerrar el debate sobre una reforma migratoria y proseguir
a un voto final. Necesitaban 60 votos y lograron
54. El líder del Senado, el demócrata
Harry Reid, de Nevada, inmediatamente retiró la
medida del pleno y parece que no se volverá a
discutir en esta sesión legislativa. En la
cámara baja, tampoco parece que habrá oportunidad
de discutirlo. El liderazgo ahí ha dicho que
no estaría debatiendo el tema sin apoyo republicano
y sin que el Senado lo apruebe. Hay legisladores
en ambas cámaras que dicen intentarán
tomar el tema de nuevo. Pero simplemente no hay apoyo.
Ya los partidos están pensando en las elecciones
del año que viene y nadie quiere tocar esa
papa caliente.
El presidente Bush además fracasó en
su intento de convencer a los recalcitrantes de su
partido a que votaran por la medida. Y es que él
no tenía el capital político para hacerlo.
Está embrollado en el asunto de Irak y eso
ha acaparado casi toda la atención. Si bien
sus correligionarios en el Congreso saben que el
primer mandatario tiene poco apoyo con el público
estadounidense en cuanto a Irak, lo menos que iban
a hacer era montarse en ese barco que se hunde para
darle respaldo a un tema difícil y controversial.
Pero la legislación no fracasó por
falta de cabildeo.
¡ Quién sabe cuándo
fue la última vez que anduvo tanta gente en
Capitolio por un tema que se discutía en el
Congreso! Decenas y decenas de personas representando
una variedad de grupos rondaron los pasillos congresionales
promoviendo o repudiando el proyecto de ley bipartidista
de reforma migratoria. Y eso no incluía a
las organizaciones que hicieron su cabildeo por teléfono
o fax. Los legisladores reportaron que han recibido
miles y miles de llamadas –la mayoría
en contra, por cierto–; tantas llamadas que
la cantidad de operadoras no alcanzaba y muchas veces
al intentar llamar el número principal del
Capitolio lo que se oye es el ring-ring-ring. Y ahora, ¿qué pasará?
Ya que verlo de manera cínica, porque así es
que muchas veces funciona la política.
Los
legisladores tenían la opción de escoger
entre los electores de sus distritos particulares,
y los millones de indocumentados que no votan. Todo
el mundo habla del potencial del voto latino, pero
aún dentro de la comunidad latina, de los
que sí tienen el poder del voto, el porcentaje
que actualmente sale a las urnas es demasiado bajo.
O sea, hay una tremenda cantidad de latinos que no
votan, y los legisladores lo saben. Como políticos,
les hacen caso a los votantes, y muchos de sus votantes
dijeron que no. Que sirva esto de lección
a los que se quedan en sus casas mirado las cuatro
paredes en los día electorales lamentando
que sus votos no cuentan, que en verdad sí cuentan.
Al menos háganlo por los millones de indocumentados
que se quedan en las sombras.
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