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No
tenemos por costumbre tratar sobre hechos delictivos
en nuestro editorial principal, pero resulta
estremecedora la noticia que publicamos en esta
edición sobre el número de víctimas
de homicidio calificado que se registra entre
las mujeres latinas de un condado como el de
Montgomery, en el Estado de Maryland, donde reside
gran número de miembros de nuestra comunidad.
El asesinato de tres mujeres de ese origen, en
un lapso de dos meses en dicha jurisdicción,
ha puesto en alerta máxima a las autoridades
encargadas de aplicar la ley ya que se trata de
una racha de homicidios que no tiene precedentes.
Sandra E. Campusano, Maritza Ana Hernández
y Ángela Santiago son las recientes víctimas
de estos hechos, donde el tema de fondo es la violencia
doméstica, que al parecer ha erupcionado
entre los vecindarios de ese populoso y
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rico
Condado, a pesar de que las autoridades locales
hacen denodados esfuerzos para velar por la seguridad
y el bienestar de la gente.
El jefe de la policía, Thomas Manger, ha salido al frente de esta situación
y se ha dirigido a los miembros de la comunidad hispana para decirles que “no
tengan temor cuando se sientan amenazadas por alguna persona” y llamen
al teléfono de emergencias “911”, un elemento que al parecer
es considerado “un arma de doble filo” para muchas personas, especialmente
aquellas que no tienen documentos en regla.
Sin embargo, Manger, ha reiterado en declaraciones a este medio que la policía
de su jurisdicción no aplica las leyes de inmigración, “y
nunca pregunta por el estado migratorio de los denunciantes”. Es una buena
decisión, porque creemos que, en efecto, el “911” es una herramienta
fundamental para prevenir la violencia doméstica y, por lo tanto, detener
la ola de homicidios que hoy enluta a nuestra comunidad. |