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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Mientras
el Congreso debate el tema de la reforma migratoria
y cada lado cabildea por lo suyo, que no se nos olvide
que a la vez que el enfoque de los legisladores y
de gran parte del público estadounidense está en
la frontera con México y la supuesta necesidad
de reforzar la misma, por Canadá –una
frontera dos veces más larga y menos custodiada– aparentemente
se puede entrar como Juan en su casa. Primero tuvimos
el caso de varios de los terroristas del 9/11 entrando
a Estados Unidos por Canadá, y ahora el caso
del abogado tuberculoso de Georgia que pudo regresar
a Estados Unidos desde Europa entrando por Canadá.
A pesar de una alerta que lo designaba como posiblemente
contagioso, el agente de la Patrulla Fronteriza lo
dejó entrar porque "no parecía
que estuviera enfermo". Enseguida se formó la
histeria de siempre: que debemos hacer algo para
asegurar nuestras fronteras, que cómo es posible
que esto ocurra, bla, bla, bla. Pero me pregunto, ¿qué hubiera
pasado si el muchacho llega a ser hispano? Por supuesto
que ya sabemos la respuesta. Lo hubieran detenido
y se hubiera armado un sal pa'fuera, una histeria
sin precedente. Afortunadamente para nuestra comunidad,
no es latino. Ni tampoco lo fueron los autores de
los atentados del 9/11. Sin embargo, los hispanos
siguen siendo el chivo expiatorio en el debate sobre
inmigración. Por razones que algunos calificarían
de racista, juntan la inmigración con preocupaciones
de terrorismo y seguridad nacional.
Esta semana el principal histérico del debate
migratorio, el "periodista" Lou Dobbs de
CNN comentó que la facilidad de entrar al
país con una enfermedad grave pone en tela
de juicio la inmigración y demuestra lo "rotas" que
están nuestras fronteras. Para él y
otros histéricos, los inmigrantes –y
por ende, los latinos– tienen la culpa de todo
mal en el país, incluyendo las enfermedades.
Hace poco citó un estudio estadísticamente
cuestionable para "confirmar" que los casos
de lepra estaban en aumento –algo que gremios
desmintieron– y seguramente la inmigración
tiene algo que ver. Bueno, en algo sí tiene
razón. La inmigración sí jugó un
papel devastador en la propagación de enfermedades
devastadoras. Solamente hay que preguntarles a los
descendientes del puñado de indígenas
que quedó cuando llegaron "los blancos" al "Nuevo
Mundo", los antecesores de Dobbs que trajeron
sarampión, varicela, viruela, tifoidea, sífilis,
tuberculosis, gonorrea, difteria, tos ferina, etcétera,
etcétera, etcétera.
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