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Sexualidad en la tercera edad
Los cambios que traen los años

No porque se sea viejo no se va a disfrutar de la sexualidad.
Photos.com

Uno de los mitos más diseminados respecto a la sexualidad dice que venimos al mundo con una “dosis” determinada de capacidad sexual. Ello hace pensar a muchas y muchos que es necesario administrar y no abusar de la sexualidad para que no se agote.
Nada más falso. Con la capacidad de funcionamiento sexual sucede algo similar que con la condición física: la constancia y la frecuencia de actividad mantienen al individuo en mejor forma. Las investigaciones serias han demostrado que mientras más temprano se inicia la actividad y ésta se realiza con mayor frecuencia, la capacidad sexual se mantendrá por más tiempo y en mejores condiciones, tanto en mujeres como en hombres.

Por otro lado, tenemos la muy generalizada creencia de que una mujer menopáusica pierde interés, deseo o capacidad sexual. La menopausia es un fenómeno que aparece naturalmente en la mujer, por lo general alrededor de los cuarenta años de edad, y consiste en que sus periodos menstruales dejan de presentarse, y ya no puede procrear.

Pero recordemos que la sexualidad es mucho más que la simple reproducción; el deseo sexual y la capacidad de funcionar y disfrutar las relaciones sexuales permanece. El único problema que puede presentarse es que la disminución de las hormonas, conocidas como estrógenos, puede inducir cambios en la mucosa vaginal, lo que la hacen rígida y puede disminuir la lubricación durante la excitación.

Sin embargo, cualquier mujer en esta edad puede ser atendida preventivamente por su médico, de tal modo que, estos cambios no se produzcan y mantenga una vida sexual plena y satisfactoria sin importar su edad.

¿Y el hombre?
En el hombre la edad produce cambios en su funcionamiento sexual, pero a diferencia de la mujer no suele perder su capacidad reproductiva, la que se conserva hasta edades muy avanzadas.

De esto se deduce las burlonas e incrédulas sonrisas cuando un hombre mayor o anciano se convierte en padre. En el fundamental estudio del investigador sexual Kinsey, éste encontró el caso de un hombre de raza negra de 88 años que sostenía relaciones sexuales regularmente con su esposa de 90 años.

Otros cambios reales en el hombre son que las erecciones pueden ser menos firmes, que la cantidad de semen que se eyacula es menor y que hay mayor tardanza en responder a un nuevo estímulo.

Sin embargo, ninguno de estos factores es igual a la creencia popular de una “pérdida” de capacidad y tampoco hacen pensar que el disfrute sea menor en el hombre mayor. Incluso la edad en que aparecen estos cambios puede variar enormemente y no se puede establecer.

Además existen ventajas, puesto que se sabe que diminuye la “urgencia orgásmica” en el hombre mayor y ello, muchas veces, los convierte en menos acelerados, más dedicados a las caricias y a la ternura que suele ser más satisfactoria para un número importante de mujeres; quienes consideran a los hombres mayores como mejores amantes.

La mujer y el hombre de la tercera edad tienen sexualidad, y sus deseos y capacidad para ejercerla no son menores.

Además, en ellos (y conste que todos tenemos altas probabilidades de formar parte de este grupo) la sexualidad puede significar una excelsa forma para revalorizarse, sentir optimismo y ejercer intensos sentimientos como la ternura, el entusiasmo y el amor. Todo ello los hará dejar de sentirse como inútiles que sólo esperan la muerte y recuperar algo que con frecuencia han perdido: ¡el entusiasmo por la vida!

(*)El autor es sexoterapeuta. Este artículo apareció en sexualidadonline.com

 

En Síntesis
Anticuerpos ofrecen esperanza contra gripe aviar

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La exposición a pesticidas es un factor que agrava el riesgo de contraer la enfermedad de Parkinson, concluyó un estudio hecho por la Universidad de Aberdeen, en Escocia.

La investigación demostró que un alto nivel de exposición aumenta hasta un 39% esta posibilidad, frente al 9% para las personas que sólo están en contacto con estos productos de vez en cuando, según este estudio entre 959 pacientes aquejados de la enfermedad.

El mal de Parkinson es una afección neurológica vinculada con la destrucción progresiva de las células del cerebro que producen dopamina, un neurotransmisor químico que interviene en el control de la motricidad.

Esta enfermedad se expresa a través de un temblor sin pausa, que se manifiesta en dos tercios de los enfermos, una rigidez de los músculos y una lentitud de los movimientos.

Los investigadores solicitaron a los pacientes que respondieran a preguntas sobre su vida cotidiana y sobre su nivel de exposición a algunos productos químicos, como los pesticidas, o a metales como el hierro, el cobre o el manganeso. Igualmente, se les interrogó sobre el historial médico familiar o sus hábitos fumadores.

El conjunto del cuestionario fue sometido después a personas sanas.

El estudio concluyó que, si bien el mayor riesgo de contraer la enfermedad del Parkinson es por vía hereditaria, la exposición a los pesticidas es un factor agravante.

“Esto no desmuestra que los pesticidas causen la enfermedad, pero aumenta las sospechas de que existe un vínculo”, comentó Finlay Dick, responsable de la investigación.

Curiosamente, el consumo de tabaco se erigió como una forma de protección contra este mal.

 

Con apoyo del Concejo Nacional La Raza
En Clínica del Pueblo dictan charlas sobre salud del corazón

Las enfermedades cardiovasculares matan a un millón de personas cada año en el país.
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Con el fin de aumentar el grado de conocimiento sobre las enfermedades cardiovasculares, la Clínica del Pueblo está realizando una serie de charlas comunitarias.

Para verificar el resultado de las conferencias, se miden los conocimientos de los asistentes antes y después de la charla. “Previo a empezar la exposición, se le entrega un cuestionario a los asistentes para ver cuál es su nivel de entendimiento del tema. Lo mismo se hace una vez terminada la charla. Así, con estos datos, sabemos con certeza qué retuvieron y qué no las personas”, dice Blanca Tobar, educadora de salud en LCDP.

Otra innovación es que el expositor no es un médico o especialista en enfermedades cardiovasculares, sino que un promotor de salud. “Estas charlas están diseñadas a un nivel popular, y los expositores son personas que han estado trabajando con nosotros, conocen el lenguaje y, de esa manera, lo exponen en forma muy sencilla”, dice la educadora.

La razón de esto, explica Blanca Tobar, es evitar las posibles confusiones que pueda provocar el lenguaje técnico que usan los profesionales de la salud a la hora de referirse a un tema como los cuidados que necesita el corazón. “Si lo hacemos con médicos, el mensaje no será recibido con la misma facilidad por parte de la gente. Ahora, de todas formas los promotores reciben capacitación y NCLR entrega un portafolio gráfico que hace más fácil el entendimiento del tema”, agrega.

Las charlas en general giran en torno a identificar cuáles son las enfermedades del corazón, los factores de riesgo, de qué manera se puede cuidar este importante músculo, haciéndo énfasis que con la educacion se pueden evitar algunos problemas. “Se habla de nutrición, ejercicio, grasas y como podemos proteger nuestro corazón”, agrega Blanca Tobar.

La próxima charla es el 11 de junio a las 10 a.m. en LCDP. Más información en el (202) 448-2869.



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