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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Mientras
en México se continúa disputando los
resultados de la elección presidencial, en
Washington se analiza qué pudiera significar
esta incertidumbre para la relación bilateral.
La semana terminó con el presidente Bush llamando
al candidato Felipe Calderón para felicitarlo
por su aparente victoria, aún cuando el candidato
Andrés Manuel López Obrador dice que
va a impugnar los resultados y pidió que lideres
de otros países se abstuvieran por el momento
de reconocer los resultados. A través de su
portavoz, la Casa Blanca defendió la llamada
a Calderón.
“
Tengo entendido que la comisión electoral
de hecho lo declaró presidente, y según
las leyes de México, en estos momentos él
es presidente”, dijo Tony Snow. “Si hay
algún reajuste, entonces el presidente Bush
lo reconocerá”. Con el tira y jala de
quién o no es el primer mandatario mexicano,
algunos analistas aseveran que el gobierno estadounidense
no le ha dado al tema la seriedad que amerita y que
discuten el tema de la inmigración con poca
madurez política.
“
Estados Unidos tiene intereses vitales en México. ¿Pero
nos ponemos a pensar en Estados Unidos sobre México
de manera estratégica como en otros lugares
del mundo? Pues no. Y no hay nada más claro
que el debate sobre inmigración para hacer
ese punto”, dijo Arturo Valenzuela, profesor
de estudios latinoamericanos en Georgetown y ex-asesor
de seguridad nacional durante la administración
Clinton. “¿Quién dentro del debate
de inmigración ha dicho que México
está pasando por una compleja transición
y es un interés fundamental que México
sea un país estable y próspero en el
futuro? Tenemos gente en la frontera diciendo ‘cierren
la frontera para nuestra seguridad nacional’,
pero ¿no es un peor problema para nuestra
seguridad nacional el que México se convierta
en un país inestable?, preguntó Valenzuela
durante un foro auspiciado por el Center for American
Progress (Centro para Progreso Americano), en Washington.
Valenzuela obviamente se estaba refiriendo al “debate” sobre
inmigración en el congreso federal donde actualmente
la mayoría republicana auspicia una serie
de audiencias tanto aquí en Washington como
en varias ciudades del país. Los legisladores
dicen que lo hacen para hablar con la gente “corriente
y común” sobre el tema, y en la reciente
audiencia en San Diego, cuando llegaron representantes
de la Patrulla Fronteriza para testificar, un miembro
del público gritó, “¡viva
la Patrulla Fronteriza!”, lo que fue seguido
por aplausos y vitoreos. El republicano Brian Bilbray,
de California, dijo después que esto debería
servir de ejemplo a la Casa Blanca y el Congreso
que la supuesta gente corriente y común no
quiere una reforma migratoria que incluya una posible
legalización para millones de indocumentados.
Se le olvidó decir que la audiencia se llevó a
cabo en los cuarteles en San Diego de la Patrulla
Fronteriza y aunque hubo cupo para grupos conservadores
como la autodenominada patrulla civil Minutemen,
misteriosamente no había espacio para activistas
y otros que abogan por una amplia reforma migratoria
que incluya pasos hacia una ciudadanía para
los indocumentados actualmente en el país.
Pero para los sordos como una tapia, todo anda bien.
El liderazgo republicano anunció esta semana
que las audiencias confirman que “la gente” no
quiere amnistía, que quiere seguridad fronteriza
antes que nada. Se programan más vistas públicas
para la semana entrante.
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guadalupe@washingtonhispanic.com
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