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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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A
mí que me registren. Eso es lo que aparenta
decir el presidente de México, Felipe Calderón,
ante acusaciones de que durante la campaña
presidencial su partido ocultó unos 150 millones
de dólares vinculados al narcotráfico
y que luego sus agentes federales protegieron a un
empresario chino-mexicano vinculado a ese y otros
$100 millones de dinero del narcotráfico.
El pasado marzo, en Ciudad de México se llevó a
cabo el decomiso de fondos del narcotráfico
más grande en la historia del mundo, y en
la mansión del empresario se encontró esa
cantidad bárbara de dinero.
Ahora, Zhenli Ye Gon anda por Washington pidiendo
que el Congreso estadounidense lleve a cabo audiencias
sobre esas acusaciones, de las cuales no se han presentado
pruebas. A la vez, el empresario pide asilo político,
diciendo que teme por su vida si regresa a México.
“
Estamos formulando una acusación muy grave.
Si regresa a México, lo torturarán.
Estamos convencidos de que enfrentaría la
muerte”, explica su abogado Martin McMahon.
Ye Gon asevera que el propio presidente Calderón
no sabía nada, que se presentaron unos hombres
a su casa y que le pidieron que guardara el dinero
para la campaña. El empresario enfrenta una
serie de cargos en México, incluyendo narcotráfico,
lavado de dinero y posesión de armas, cargos
que él niega.
Lo curioso de este caso, entre otras cosas, es que
México pide su extradición, pero las
autoridades estadounidenses no lo han detenido. Obviamente
no se puede extraditar a una persona que no haya
sido detenida.
La administración Bush dice que no tiene evidencia
alguna de que el gobierno mexicano tenga vínculos
al crimen organizado. Y para mostrar que en Latinoamérica
se puede ser pícaro hasta con el tema más
serio del mundo, Calderón califica las acusaciones
de “puro cuento chino”.
Y hablando de cuento chino, esta semana se desarrolló una
sesión maratónica en el pleno de Senado,
para debatir una medida que fijaría una fecha
para el comienzo de una salida de tropas estadounidenses
de Irak. El líder del Senado, Harry Reid de
Nevada, ordenó la sesión extraordinaria
en busca de suficientes votos para aprobar la medida.
El presidente Bush y sus correligionarios en el Senado
decían que se debería esperar hasta
septiembre, cuando el comandante de las tropas en
el campo de batalla presente ante el Congreso su
informe sobre la situación en esa zona de
conflicto, mientras que los demócratas dijeron
que la paciencia se le acabó al público
estadounidense y pidieron un cambio inmediato a la
política de la Casa Blanca. Finalmente no
lograron conseguir suficientes votos y la medida
cayó, con los republicanos diciendo que en
mes y medio, cuando se presente ese informe, se evaluará la
situación. Mientras tanto, pasarán
semanas con más muertes y heridos. ¿Y
qué sucederá cuando se presente el
informe, dentro de mes y medio, el cual ya se espera
tenga bastantes malas noticias? ¿Será otro
cuento chino de los que insisten en llevarle la contraria
a la gran mayoría del público estadounidense?
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guadalupe@washingtonhispanic.com
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