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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Ahora que se han determinado a
los probables nominados presidenciales para las elecciones
este noviembre, ambos empiezan a darle duro uno al
otro y hacen un muy fuerte cabildeo en la comunidad
hispana. En discursos separados, el pasado fin de
semana en la convención en Washington, de
la Asociación Nacional de Latinos Electos
y Asignados (NALEO), el senador republicano John
McCain, de Arizona, y su rival, el senador demócrata
Barack Obama, de Illinois, tomaron turnos tratando
de convencer a la concurrencia sobre cuál
de los dos es el mejor para lidiar con los asuntos
de mayor importancia en la comunidad latina.
Obviamente entre los temas estuvo la inmigración,
con ambos prometiendo que sería una prioridad
en sus respectivas administraciones en la Casa Blanca.
McCain, como muchos saben, puso la cara y su nombre
en una legislación de reforma migratoria que
finalmente no llegó a ningún lado,
y, como es de esperar, Obama y los demócratas
lo critican por no empujar el asunto lo suficiente
y por hacerle caso a la rama conservadora de su partido,
al supuestamente abandonar el tema. Pero, como también
muchos saben, el baile no se hizo sin pareja, y bastantes
demócratas rechazaron avanzar la reforma migratoria
en el Congreso.
En una serie de comunicados, Obama y el Partido Demócrata
tratan de decir que McCain tiene dos caras en cuanto
al tema de la inmigración; uno para los latinos
y otro para el resto de la población. Pero
si vamos a ver, también se podría decir
lo mismo de Obama. Primero, hay que repetir –como
se ha dicho ya en anteriores ocasiones- que la Cámara
baja sigue sin al menos presentar un proyecto de
ley que trate con una reforma migratoria. Y también
cabe destacar que hay poca diferencia en la política
de ambos candidatos cuando se trata del tema. Obama,
por ejemplo, votó a favor de un muro fronterizo
y además apoyó los esfuerzos para dejar
a un lado lo que se negoció en el Senado –con
mayoría demócrata, por cierto- sobre
una reforma migratoria.
No es nada de sorprendente que cada lado critique
al otro durante una contienda presidencial. Es lo
esperado y normal. Pero es interesante ver cómo
muchos demócratas aseveran que con un presidente
demócrata finalmente, sí se hará algo
sobre el tema, cuando fue un presidente demócrata
(Bill Clinton) quien firmó uno de las leyes
migratorias más nefastas de estos tiempos,
y curiosamente fue bajo un presidente republicano
(Ronald Reagan), cuando se llevó a cabo la
más reciente amnistía amplia. El legislador
demócrata Raúl Grijalva, de Arizona,
es uno de los que promueve esta aseveración
de que falta un presidente demócrata que finalmente
resuelva el tema de una vez por todas. Aunque la última
vez que hubo un presidente demócrata, a los
inmigrantes no les fue muy bien, Grijalva dice tener
fe en que Obama será diferente, que con ese
sí se podrá contar, a pesar de no tener
ninguna evidencia que explique su fervor por el beneplácito
que le da a Obama cuando se trata de inmigración.
Será que, como todo que tenga que ver con
fe, no hay que verlo para creerlo.
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