|
|
| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
|
Amnistía
para uno y no para millones. En esta semana del feriado
del Día de la Independencia, a la vez que
millones de indocumentados se quedan esperando en
las sombras por falta de voluntad política,
el presidente Bush declaró que un asesor que
le había mentido a agentes federales y ayudó a
circular el nombre de una agente secreta de la CIA
ya había sufrido suficiente y le concedió un
indulto. Lewis “Scooter” Libby estaba
a punto de ir a la cárcel por dos años –ya
le tenían asignado un número de reo–,
pero el primer mandatario dijo que la sentencia era
excesiva y lo dejó en libertad. Libby aún
tiene que pagar una multa de $250.000, pero para
los pocos que le tienen pena ya varios grupos conservadores
han recaudado esa cantidad y más, incluyendo
lo que le debe a su equipo legal.
Lo que es excesivo es que una comunidad con el mínimo
de poder y ninguna de las conexiones del señor
Libby sostiene una espera sin tregua, para ver qué rayos
harán los políticos sobre el asunto
de la reforma migratoria. Lo que es aparentemente
más urgente es la situación particular
de un ex asesor –y según un jurado y
la corte federal, un criminal– de la Casa Blanca,
que ayudó a poner en peligro no solamente
la vida de la agente de la CIA sino también
los de varios colaboradores. Y todo porque el esposo
de la espía, un diplomático con experiencia
en el Medio Oriente, había criticado abiertamente
la política de la administración Bush
hacia Irak.
Ciertamente, Libby es el chivo expiatorio
en un aparentemente enorme operativo para callar
a los críticos de esta administración,
que por cierto está enfrascada en una de las
peores situaciones políticas y militares en
decenas de años. ¿Pero merecía
ese mentiroso un indulto presidencial? Y para que
sepan, hay unos 3.000 casos de personas que piden
indultos presidenciales. Varios llevan mucho tiempo
esperando una respuesta de la Casa Blanca. Como la
comunidad migratoria, seguirán esperando.
Mientras tanto, en otra corte federal de Washington
se llevan a cabo varios juicios en contra de ex integrantes
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia,
las FARC, por narcotráfico. Varios fueron
extraditados en 2005 para enfrentar cargos en Estados
Unidos, a la vez que el gobierno colombiano se hace
de la vista gorda de acusaciones que tiene vínculos
con las FARC y otros grupos paramilitares. Pero en
este tema la mayoría demócrata en este
Congreso sí sirve para algo, y amenaza con
recortar fondos de asistencia a Colombia. Menos mal.
Enviar comentarios a:
guadalupe@washingtonhispanic.com
|