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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Aparentemente
inconformes con que el Congreso federal haya dejado
a un lado la legislación sobre una reforma
migratoria, el gobierno federal –en específico
el Departamento de Seguridad Doméstica (DHS,
por sus siglas en inglés)- anuncia esta semana
que aumentará el número de redadas
que realizarán en busca de inmigrantes indocumentados.
Autoridades federales indican que siempre hubo planes,
no solamente de seguir con las redadas sino de aumentar
su número, pero que no lo habían dado
a conocer porque estaban esperando a ver qué pasaría
con la legislación de la reforma migratoria.
Ahora que eso fracasó, regresa el gobierno
federal a meterle miedo a la gente.
Curiosamente, el anuncio se da la misma semana en
que la Agencia de Control de Drogas (DEA) ventila
un reporte donde dice que extremistas islámicos
tienen relaciones estrechas con carteles del narcotráfico
en México y pasan desapercibidos en Estados
Unidos porque “se disfrazan como latinos”.
El reporte no explica a qué exactamente se
parece una persona de pinta latina, pero se lo podrán
imaginar.
Y luego está la noticia de que varios senadores
republicanos impulsan un proyecto de ley sobre seguridad
fronteriza para que se discutará tan pronto
regresen del receso el mes que viene. Ya algunos
senadores han dicho que tienen intenciones de discutir
en el pleno del Senado el proyecto de seguridad fronteriza,
una medida que destinaría millones de dólares
a programas para reforzar la frontera. De nuevo tendremos
que preguntar, ¿cómo ayudaría
a los millones de inmigrantes indocumentados que
ya viven en el país? ¿O es que esperan
que el gobierno federal, como este anuncio de nuevas
redadas, retire de una vez por todas a la gran mayoría?
Antes de terminar con esta sesión legislativa
para tomar el mes libre, ambas cámaras de
Congreso aprobaron un proyecto de ley que la administración
Bush dice ayudará en la llamada contra el
terrorismo. Se trata de la ley de escuchas sin el
aval de las cortes. La Casa Blanca dice estar interesada
sólo en el rastreo de llamadas de personas
con posibles vínculos terroristas, pero la
ley que el Congreso aprobó –y el presidente
firmó esta semana– le da más
amplios derechos, incluyendo la capacidad de rastrear
cualquier llamada originaria de Estados Unidos al
extranjero (esto incluye Latinoamérica, por
supuesto), y viceversa. Los grupos de libertades
civiles naturalmente están en contra, diciendo
que atenta contra los derechos de los residentes
del país al tener cierta privacidad.
Mientras tanto, en la contienda presidencial tenemos
la postura casi esquizofrénica del precandidato
Mitt Romney, quien recientemente comentó ante
un grupo de residentes en el estado de Iowa que el
gobierno federal debería retirar todos los
fondos a ciudades que sirvan de “santuario” para
los inmigrantes indocumentados. Eso, luego de asegurar
ante un grupo de hispanos republicanos que la comunidad
migratoria aporta mucho y deberíamos tener
un gobierno federal que estuviera a favor de una
política de mayor inclusión de la comunidad
latina.
Y ustedes se creían que nunca pasaba nada
en agosto.
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