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La
solidaridad ha surgido de manera inmediata y ejemplar
apenas se conocieron los efectos del devastador
terremoto del miércoles 15 en Perú.
Un sismo de gran magnitud asoló varias importantes
ciudades costeras de esa nación sudamericana,
sembrando el dolor y la desesperación entre
sus millones de habitantes.
El fenómeno rompió un largo “periodo
de silencio sísmico” -calculado en
medio siglo por los expertos-, en una vasta área
situada al sur de Lima, la capital peruana, frente
al Océano Pacífico. Las ciudades
más afectadas son Pisco, Ica y Chincha,
tradicionales ciudades conocidas por sus grandes
viñedos, desde los que se elabora precisamente
el excelente licor denominado “pisco”,
un aguardiente de uva que alcanza reconocimiento
mundial. Una tierra donde la calidez de su clima
genera una población dinámica y muy
trabajadora.
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Ciudades
enteras han colapsado, originando duelo y destrucción,
hecho que seguramente afectará por varios
años su economía.
Por eso debemos felicitar la reacción de
las instituciones financieras y organizaciones
multinacionales, como las Naciones Unidas, el Banco
Mundial y la OEA, que han acudido con ayuda financiera
de emergencia para las obras de rehabilitación
que se requieran.
Gobiernos de los cinco continentes, empezando por
el de Estados Unidos, iniciaron la entrega de los
fondos necesarios. A ellos se suma la comunidad
latinoamericana, en general, y la peruana en particular,
residentes en esta nación, que organizan
varias actividades de solidaridad con sus hermanos
en desgracia.
Esperamos que la unidad y el desinterés
surjan como epílogo de esta tragedia, y
que el espíritu de solidaridad reine finalmente
en todos los corazones, hasta lograr la reconstrucción
de estos pueblos, hoy golpeados por la madre naturaleza. |