Página
1 de 3  |
| A Fondo |
| Mejore su autoestima en cinco pasos |
Redacción
agencias
Una autoestima baja se define como la percepción negativa que una persona tiene de sí misma.
Pero existen formas de cambiar esos pensamientos negativos y transformarlos en positivos, incluso si usted es una persona que ha estado sembrando una mala imagen de si mismo desde la infancia.
De hecho, cambiar la forma en la cual una persona se percibe a sí misma es esencial para mejorar el autoestima.
Las técnicas de la Terapia Cognitiva del Comportamiento (TCC) son especialmente útiles para cambiar las formas de pensar poco saludables de las personas con baja autoestima.
Estas técnicas están basadas en la idea que los sentimientos y el comportamiento resultan de la forma en la cual la persona piensa sobre sí misma y su vida.
Los métodos de la TCC pueden ayudarle a reconocer, enfrentar y cambiar los pensamientos negativos o equivocados con otros más realistas y positivos.
Estos cinco pasos le permitirán tomar el rumbo que le permita subir su autoestima.
 |
Una baja autoestima puede afectar negativamente una amplia gama de los aspectos de la vida, incluyendo las relaciones interpersonales, el trabajo y la salud.
Pero sus efectos no son irreversibles. Las personas pueden aumentar su nivel de autoestima hasta alcanzar un grado saludable.
A continuación le enseñamos cómo.
Photos.com |
Identifique situaciones conflictivas o problemáticas
Aquellas situaciones o condiciones que son problemáticas en su vida pueden afectar su autoestima.
El miedo a dar una presentación de negocios, el manejo inadecuado de su enojo o su tendencia a siempre esperar lo peor son ejemplos de estas situaciones conflictivas que pueden afectar el cómo usted se ve a sí mismo.
Identificar estas situaciones complejas es el primer paso para cambiar la forma en que ellas le afectan.
Aprenda a reconocer los pensamientos negativos
Una vez que usted ha identificado las situaciones problemáticas que le afectan, ponga atención a los pensamientos que le nacen de ello.
Esto incluye tanto sus soliloquios como la interpretación del significado de la situación.
Los pensamientos y creencias que nacen de estas situaciones pueden ser positivos, negativos o neutrales; y pueden ser racionales —o basados en los hechos—, o irracionales, es decir, basados en ideas falsas.
Aisle pensamientos negativos o equivocados
Lo que piense acerca de una situación afectará la reacción que usted tenga a ella. Pensamientos equivocados o negativos pueden desencadenar consecuencias físicas, emocionales y psicológicas poco sanas.
Entre las físicas se encuentra cuello rígido, dolor de espalda, taquicardia, problemas estomacales, sudoración y dificultades para dormir.
Entre las emocionales, puede presentarse dificultad para concentrarse, sentimiento de tristeza o depresión, enojo, nerviosismo, culpabilidad o preocupación.
Entre las respuestas del comportamiento, encontramos ingerir alimentos aún cuando no se tiene hambre, evitar deberes, trabajar más de lo usual, buscar la soledad, obsesionarse con la situación o culpar a los demás por lo que a uno le afecta.
Enfrente los pensamientos negativos
Sus pensamientos iniciales pueden no ser la única forma en la cual usted se aproxime al asunto.
Pregúntese si sus pensamientos sobre la situación conflictiva concuerdan con los hechos y la lógica, o si pueden haber otras explicaciones al problema.
Usted puede no darse cuenta de las inconsistencias de sus pensamientos. La mayoría de las personas tienen formas de pensar automáticas sobre sus vidas y de sí mismos. Estos pensamientos han estado mucho tiempo aferrándose a su cabeza, y al final pueden parecerle normales.
Pero lo cierto es que la mayoría son sólo opiniones o percepciones subjetivas.
A continuación algunos tipos de pensamientos que pueden ser perjudiciales:
Todo o nada: El ver las cosas ya sea totalmente positivas o absolutamente negativas no es conveniente. Como ejemplo está el pensamiento que “si no tengo éxito en este trabajo, soy un fracasado”.
Negatividad filtrada: Cualquier pensamiento que se generalice de una situación específica no es algo acosejable. Por ejemplo, pensar que “por este error en el reporte ahora todos piensan que soy un mal profesional”.
Convertir positivos en negativos: El rechazar los logros y otras experiencias positivas e insistir que no cuentan es a todas luces un error.
Saltar a conclusiones negativas: El llegar a una conclusión negativa con pocos o ningún antecedente que la sustenten es equivocado. Por ejemplo: “mi amigo no me ha contestado, por lo que algo hice para que esté enojado”.
Confundir ideas con hechos: Confudir una idea con una realidad no es aconsejable. Por ejemplo: “pienso que soy un fracaso, por lo tanto debo serlo”.
No quererse: El no valorizarse a sí mismo es un problema, pensar cosas como “no me merezco nada”, o “soy débil, tonto o feo”.
Cambie estos pensamientos
El paso final busca reemplazar las ideas negativas o erróneas por pensamientos positivos, lo que puede ayudar a aumentar su autoestima.
Este último paso no será fácil. Los pensamientos a veces vienen espontáneamente o en forma automática, sin ningún esfuerzo consciente. Toma tiempo y esfuerzo aprender a reconocer y reemplazar los pensamientos negativos.
Aquí algunas estrategias que le pueden ayudar a eso.
Esperanza: Sea amable y apóyese a sí mismo. El pesimismo puede servir para una profesía autocumplida. No crea que no puede manejar una situación, por muy complicada que sea.
Perdónese: Todos cometemos errores, y estos no reflejan necesariamente quien es usted como persona. Son simple-
mente momentos aislados en el tiempo. Piense: cometí un error pero eso no me hace una mala persona”.
Evite las frases con “debería”: Si observa que sus pensamientos tienen en demasía esa palabra, puede que esté esperando demasiado de sí mismo o de los demás. Utilizar en menor medida el “debería” puede entregarle a usted y a los demás expectativas más realistas.
Enfóquese en lo positivo: Piense en lo bueno de su vida.
Controle la reacción a pensamientos inquietantes: No porque un pensamiento es negativo usted va a reaccionar en forma no positiva. Puede preguntarse “¿cuáles de mis fortalezas me puede ayudar a a reponder en forma más constructiva?, ¿qué puedo hacer para hacer de esto algo menos estresante?”
Apóyese en todo momento: Dése el crédito al hacer cambios positivos. Trátese a sí mismo como trataría a alguien que quiere. Dígase; “hice un buen trabajo, quizás no fue perfecto, pero me dijeron que estuve bien”.
Un autoestima saludable
Con práctica, estos pasos pueden volverse cada vez más fáciles. Podrá identificar de mejor forma los pensamientos y creencias que contribuyen a una baja autoestima.
Como el autoestima fluctúa en el tiempo, quizás sea conveniente revisar los pasos, especialmente si se siente un tanto deprimido. Tener un diario o anotar los pensamientos difíciles puede ayudarle a identificar problemas a través del tiempo.
Lograr una percepción de si mismo equilibrada y aceptarse como ser humano puede servirle para ser feliz y ayudar a los demás a sentirse bien cuando estén con usted, incluyendo su familia, amigos o sus hijos.
| Las diferentes opciones que existen para solucionar el problema |
| Cómo tratar ese molesto dolor de cuello |
| |
Cuando alguien tiene un problema muscular, la pérdida de función generalmente viene acompañado de dolor.
Photos.com |
Por Ana T. Acevedo
Especial para Washington Hispanic
La alta incidencia de dolor de cuello y su impacto en el funcionamiento diario lo convierten en un problema importante para las personas y la sociedad en general. El sólo hecho de no poder mover la cabeza afecta la calidad de vida de las personas.
Ahora, es importante saber que el dolor de cuello se puede complicar por muchos factores.
Algunos factores son intrínsicos a la persona, como los problemas médicos adicionales o problemas psicosociales que sufra el paciente.
Otros son factores ambientales, como los problemas ocupacionales, ergonómicos o producto de accidentes.
Cómo se trata
Una vez que se identifican las causas que pueden agravar el dolor de cuello, existen diversas modalidades de tratamiento básicas y no invasivas que pueden solucionar el problema.
Estas formas de tratamiento incluyen intervenciones físicas, tratamientos termales o eléctricos, tracción y ejercicios terapéuticos.
La utilización de cuellos ortopédicos o cuelleras son esenciales si la lesión de cuello es inestable, pero de muy poco beneficio en lesiones estables.
Las técnicas de spray & stretch, la terapia manual y la terapia que utiliza la energía del músculo pueden alterar el punto de presión del dolor temporalmente.
La tracción se puede aplicar con equipo motorizado o equipo manual en el hogar.
Las modadilades termales —es decir, el uso de frío o calor—, son de bajo riesgo y fáciles de aplicar.
El frío reduce la hinchazón, causa el cierre de los vasos y reduce la inflamación.
Por otra parte, el calor causa vasodilatación y disminuye el tono muscular.
Las modalidades eléctricas como el TENS causan una inhibicion de dolor en el área afectada y ayuda a que la persona sienta menos dolor.
El ejercicio, respuesta
para todo
Finalmente, el ejercicio es el tratamiento más importante a corto y largo plazo.
El ejercicio inicialmente debe incluir elementos isométricos y posturales. Luego de concluir el periodo agudo y el tejido se vuelve manejable, se deben incluir gradualmente ejercicios dinámicos, propioceptivos y de condicionamiento general.
Cuando una persona tiene un problema muscular, el síntoma principal es pérdida de función, el que generalmente viene acompañado de dolor.
La pérdida de función invariablemente implica pérdida de movimiento. Las técnicas de ejercicios enfatizan la buena postura, la fuerza muscular y el balance adecuado para disminuir los efectos de una lesión y prevenir nuevos problemas.
El programa de ejercicio debe ser planificado cautelosamente por su especialista tomando en consideración el estado del tejido muscular y sus limitaciones biofísicas.
| Una caminata diaria de apenas 30 minutos evita la diabetes y los problemas cardiacos |
El ejercicio moderado podría ser más saludable
que el entrenamiento intensivo |
|
Los beneficios alcanzados mediante el ejercicio moderado parecen durar mucho más tiempo que los obtenidos a través de un entrenamiento más intenso, según un estudio.
Photos.com |
Redacción/Agencias
Washington Hispanic
Hacer actividad física en forma moderada, como caminar treinta minutos cada día, podría entregar una protección más efectiva contra la diabetes y las enfermedades cardiacas, comparado con una rutina de ejercicios más fuerte, según estableció un nuevo estudio.
“En apariencia, mientras más ejercicios de mayor intensidad hacemos, mejores resultados conseguimos, y para ciertas medidas esto es verdad”, dijo Cris Slentz, fisiólogo del Centro Médico de la Universidad de Duke.
“Sin embargo, nuestros estudios muestran que hacer una cantidad pequeña de ejercicios de intensidad moderada es la mejor forma de reducir de manera significativa un marcador sanguíneo clave asociado al riesgo elevado de enfermedad cardiaca y diabetes. Los ejercicios más intensos no parecen conseguir ese resultado”, dijo el experto.
No sólo eso, ya que lo que más asombra del trabajo de Slentz es que los beneficios alcanzados, mediante el ejercicio moderado parecen durar mucho más tiempo que los obtenidos a través de un entrenamiento más intenso.
Detalles del estudio
El estudio fue publicado en la edición de agosto de Journal of Applied Physiology.
Quienes participaron en la investigación se dividieron en cuatro grupos de ejercicio: mucho ejercicio de alta intensidad, poco ejercicio de alta intensidad, poco ejercicio de intensidad moderada, y un grupo de control que no hizo ejercicio.
Los voluntarios empezaron con un periodo de “iniciación” de dos a tres meses de duración y luego continuaron sus programas de ejercicios durante seis meses.
El equipo de la Duke encontró que ninguna cantidad de ejercicio modificaba de forma significativa los niveles de la lipoproteína de baja densidad (LDL, más conocido como colesterol malo).
Sin embargo, la duración y la intensidad del ejercicio sí mejoraban los niveles de lipoproteína de alta densidad (HDL, o colesterol bueno).
El estudio también arrojó que hacer poco ejercicio de intensidad moderada redujo de forma significativa los niveles de triglicéridos, que son partículas que transportan la grasa por el cuerpo y que también son un buen indicador de resistencia a la insulina, un marcador para la diabetes.
Reducir los niveles de triglicéridos disminuye el riesgo de una persona de sufrir tanto diabetes como enfermedad cardiaca.
“Un programa de ejercicios apropiado parece capaz de disminuir la resistencia a la insulina de una persona en cuestión de días. Estuvimos también asombrados de observar que los menores niveles de triglicéridos se mantuvieron bajos aún dos semanas después de que finalizaran los ejercicios”, concluyó el cardiólogo William Kraus.
|