|
|
| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
|
La
deportación esta semana de Elvira Arellano,
la mujer que llevaba ya más de un año
refugiada en una iglesia en Chicago mientras luchaba
contra una orden de deportación que la separaría
de su hijo ciudadano, pone en tela de juicio la política
esquizofrénica del país cuando se trata
de inmigración. Como Arellano, hay muchos
que esperan a que el Congreso federal haga algo y
cambie las leyes para no separar a las familias y
legalice a los millones de indocumentados en el país.
Pero lo que no se ha estado mencionando en todo este
alboroto sobre la política migratoria del
país y el alboroto que desató la deportación
de Arellano, es la política migratoria de
México. El gobierno mexicano siempre ha criticado
la postura estadounidense hacia la inmigración
y ciertamente critican la deportación de Arellano,
pero México es famoso por el pésimo
trato de sus propios inmigrantes de su frontera sur.
Al igual que Estados Unidos, México deporta
a miles de indocumentados centroamericanos, cubanos,
y otros, porque, como aquí, están en
el país ilegalmente. Además, me pregunto, ¿qué le
pasa a un indocumentado cuando lo pillan en México
trabajando con documentación falsificada y
un número de Seguro Social robado o inventado,
como le pasó aquí a Arellano?
Mientras tanto, continúan varias campañas
de los candidatos republicanos tomando turnos a ver
quién es más macho en el repudio hacia
los inmigrantes. Dos de los principales rivales,
el ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, y el
ex gobernador de Massachussets Mitt Romney, se acusan
mutuamente de un sinnúmero de males relacionados
a la política migratoria.
Giuliani, hijo de inmigrantes y ex alcalde de quizás
la ciudad más diversa y tolerante del mundo,
antes fue gran amigo de la comunidad migratoria,
pero aparentemente cuando uno va en busca de votos
entre los racistas y xenófobos, hay que cambiar
la música que se canta. Igual con Romney.
Cuando era gobernador de Massachussets, no les tiraba
tanto a los inmigrantes. Pero ahora está que
echa chispas, e incluso auspicia un comercial político
atacando a los indocumentados y aumentando innecesariamente
el nivel de histeria en la contienda electoral.
A tal nivel ha llegado que el presidente del Comité Nacional
Republicano (RNC, por sus siglas en inglés),
el senador Mel Martínez, de la Florida, recientemente
criticó a los candidatos de su propio partido
por estas posturas tan bélicas contra los
inmigrantes. Seguramente él y el resto del
liderazgo republicano están preocupados que
el partido perderá terreno con votantes latinos.
Martínez siempre ha reiterado que el partido
republicano y la comunidad latina tienen mucho en
común, y que no es sólo el partido
republicano que cuenta con gente cerrada y racista.
Pero como son solamente los candidatos republicanos
que se han pasado criticando a los inmigrantes, Martínez
tiene tremendo trabajo para convencer a la gente
que esa postura representa una minoría, especialmente
cuando los más bocones son los que llevan
la delantera en la contienda para la nominación
republicana.
Enviar comentarios a:
guadalupe@washingtonhispanic.com
|