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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Según
el grupo de congresistas latinos de la Cámara
Baja, los 70 centavos la hora que representa el reciente
aumento al salario mínimo federal son de lo
más maravillosos. Con ese dinerito extra,
ahora se podrá pensar en estudiar la universidad,
comprar casa, ir de vacaciones, ir de viaje a descubrir
nuevos rumbos, coger crucero, trabajar menos horas
en un segundo o tercer trabajo, y a lo mejor descubrir
la cura de algún mal. Exagero, obviamente,
pero así parecía en una conferencia
de prensa que recientemente ofrecieron algunos congresistas
latinos y la líder de la Cámara de
Representantes, Nancy Pelosi, de California. Estaban
reunidos para contarle a la prensa su logro, de por
fin aumentar el salario mínimo federal –aunque
sea la miseria que fuera, algo es algo- y cómo
beneficiaría a la comunidad hispana. Perfecto.
Pero varios aparentemente se creen que nosotros nos
chupamos el dedo y no cuestionaríamos varias
frases que trataron de pasar como ponderaciones serias.
Como el disparate que dijo uno: “ahora podrán
comprar popcorn cuando salgan al cine”. Y otro
que dijo que “no se tendría que trabajar
tantas horas ahora”. La congresista Pelosi
incluso dijo que sería una “opción
personal” el dejar un segundo trabajo o no,
como si la gran mayoría de la gente que tiene
la desgracia de tratar de vivir a cuentas del salario
mínimo tuviera esa opción. Con un solo
ingreso y una casa al tope de la muchachería,
mi madre estiraba el dólar como un chicle
y le rendía más que el oro fino. Pero
ni ella podría imaginarse a qué niveles
de provecho llegaría los legisladores latinos.
Hay que felicitarlos por establecer nuevas teorías
económicas.
Fuentes fidedignas incluso indican que los legisladores
ahora están en pleno cálculo de contar
cuantas pizzas más podremos comprar cuando
el salario mínimo vuelva a gatear hacia otro
aumento espectacular como el que se acaba de aprobar
por primera vez en diez años.
Y ya que estamos en el tema de burradas, la reforma
migratoria no se dará en la Cámara
Baja porque pues “no pasó nada en el
Senado”. El Senado, dijo un legislador, no
lo ha querido discutir en serio, es un lugar raro
donde se hacen las cosas lentamente, y por eso, dijo,
la Cámara Baja no lo tomará en esta
sesión. Nunca explica por qué se tendría
que esperar en una cámara lo que la otra haga,
pero así es el caso. Uno que no está pendiente
de qué hace o deshace el Senado es el congresista
republicano Tom Tancredo, del estado de Colorado. Ése
presentó –y se aprobó- una medida
para tratar de impedir que el gobierno federal mantenga
encarcelado a dos ex agentes de la Patrulla Fronteriza
por matar a tiros a un indocumentado, de los miles
que tratan de cruzar la frontera a diario, pero éste
resultó ser un narcotraficante. Se armó todo
un escándalo y los agentes fueron a la cárcel,
pero tienen admiradores en el Congreso y fuera, y
estos presionan al presidente Bush para que los indulte.
Si el presidente no hace nada, le corresponde al
Congreso, dijo Tancredo, y no hubiera pasado con
los republicanos a cargo.
“
Esto se logró con la mayoría demócrata”,
dijo Tancredo. “Si todavía llega a estar
el partido republicano en el liderazgo, estarían
arrodillados ante el presidente”.
Fíjense que dijo “mayoría demócrata”,
o sea están a cargo, y más aún
en la Cámara Baja, donde su mayoría
es más amplia. A ver cuando empezarán
a actuar como la mayoría que son cuando se
trata de la inmigración.
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