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Siempre
se ha dicho que las tragedias dejan una lección,
para que éstas no se vuelvan a repetir.
Pero al referirnos al caso de la catástrofe
ocurrida el primer día de agosto, cuando
se desplomó el gigantesco puente que une
las riberas del río Mississippi, creemos
que las muertes acaecidas allí fueron innecesarias,
nunca debieron producirse.
Con toda justeza podríamos decir que la
de Minnesota fue una tragedia anunciada.
Desde dos años atrás surgieron voces
que llamaban la atención sobre el estado
preocupante de muchos puentes y otras estructuras
en el territorio nacional. La alerta más
trascendente quizá fue la contenida en un
informe de la Sociedad de Ingenieros Civiles de
Estados Unidos (American Society of Civil Enginneers).
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El
documento en mención hacía notar,
entre otras deficiencias, la situación de
deterioro de rutas y puentes peligrosos. En resumen,
señalaba que más del 27 por ciento
de los aproximadamente 600.000 puentes construidos
en la nación tienen “estructuras deficientes”,
y que un 13 por ciento son “obsoletos”,
considerando que esas estructuras soportan en conjunto
un promedio de 300 millones de vehículos
cada día y ya sobrepasan los 42 años.
El jueves 2, al día siguiente de la catástrofe
de Minnesota, las autoridades federales decidieron “ponerse
las pilas” y alertaron a los estados “a
inspeccionar inmediatamente todos los puentes” similares
al que colapsó sobre el Mississippi.
¿
Por qué no lo hicieron antes y se ha tenido
que esperar una gran tragedia como la que comentamos
para tomar una decisión? Es una pregunta
que las entidades responsables deben responder.
No más muertes innecesarias a causa de la
lenidad y la falta de preocupación, es lo
que reclama el país. |