Por:
Luis Salgado (*)
¿
Cuándo vendrá la reforma migratoria
otra vez? Lo más temprano sería en
los últimos días de 2008, inmediatamente
después de las elecciones de noviembre del
próximo año. Así ha sido en
el pasado cuando se trata de proyectos de ley controversiales
como inmigración. Los políticos se
sienten menos vulnerables, pues algunos no regresarán
al Congreso luego de las elecciones y los demás
tienen por lo menos dos años antes de las
próximas elecciones para que los votantes
molestos se olviden cómo votaron.
¿
Vendrá? Estoy convencido que nuestro país
no se puede dar el lujo de ignorar este problema
indefinidamente.
Primero, por razones de seguridad nacional. Segundo,
todos los peritos, a quienes la prensa no entrevista,
saben que no habrá control de la frontera
hasta que el Congreso permita que los inmigrantes
interesados en llenar las vacantes en nuestra economía –que
los estadounidenses no pueden o no quieren ocupar-,
puedan entrar legalmente. El volumen de inmigración
ilegal es tan grande que no se puede controlar.
Por el contrario, una vez que se cree el mecanismo
legal de visas para su entrada, el volumen de inmigración
ilegal será tan pequeño que no habrá que
gastar más dinero para controlar la frontera.
Por esto es que el movimiento “enforcement
first” (coacción primero) está basado
en una falacia.
El temor de que entrarán terroristas por
la frontera del sur es otro mito falso. Los terroristas
han entrado ¡legalmente! hasta ahora, y,
el día que no puedan, son demasiado inteligentes
para luchar con la frontera del sur cuando la del
norte tiene tres veces la distancia y solo 10 por
ciento de las patrullas fronterizas. La obsesión
con la frontera del sur es una distracción
que puede resultar fatal para la seguridad de este
país.
Finalmente, el pueblo estadounidense seguirá insistiendo
en la reforma. A pesar de la demagogia, la mayoría
de los estadounidenses pueden ver lo que hace falta
y son sensatos.
¿
Qué hacer mientras tanto? Los empleadores
deben obtener asesoramiento legal para asegurarse
que si Inmigración los audita no encontrarán
violaciones de las leyes actuales que prohíben
el empleo de inmigrantes no autorizados. También
deben buscar formas creativas de traer legalmente
los empleados que necesiten desde el extranjero
bajo las limitaciones legales del sistema de hoy.
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Los inmigrantes indocumentados
deben también obtener asesoramiento legal
para obtener copia de sus archivos en inmigración
o en la corte de inmigración si han tenido
contacto con esas instituciones. Y si han tenido
contacto con el sistema de justicia criminal,
también deben obtener copia de esos récord
para que se los analicen y estén preparados
y ver si califican cuando venga la reforma migratoria.
Si esperan, hasta ese momento, será difícil
pues los abogados no darán abasto para
atender a esos 12 millones de indocumentados.
También deben obtener asesoramiento legal
para conocer sus derechos y protegerse. Finalmente,
deben desarrollar un plan por si algún
miembro de la familia es arrestado por inmigración,
especialmente cuando tienen orden de deportación
y hay menores bajo su custodia.
Como comunidad, los que son residentes se deben
hacer ciudadanos lo antes posible e inmediatamente
registrarse para votar y poder demostrar un impacto
entre esos políticos que temen perder
sus escaños si apoyan la reforma migratoria.
Necesitamos los votos en el Congreso, así que
tenemos que preguntarle a cada político
que aspire a un puesto político cómo
va a votar en este proyecto, y debemos respaldar
a los que sabemos nos apoyarán. Somos
los últimos inmigrantes en llegar a Estados
Unidos y sufrimos los mismos abusos que sufrieron
otros grupos étnicos que llegaron antes
que nosotros, pero el sistema democrático
esta ahí todavía para usarlo como
lo hicieron todos esos grupos de inmigrantes
que nos han precedido y que también sufrieron
rechazo por muchos años antes de ser aceptados.
Mientras tengamos más votos y más
participación en los organismos de esta
sociedad, veremos el cambio en las leyes y en
la actitud del país. Igual que los grupos
que nos precedieron, el país llegará a
entender que también llegamos en búsqueda
del sueño americano y que no representamos
ningún peligro ni carga; al contrario,
contribuimos al desarrollo del país. Demográficamente,
nuestra alta tasa de natalidad comparada con
la del resto del país, sin contar la inmigración
en años futuros, sugiere que seremos la
mayoría del país algún día.
Los esfuerzos en detener este patrón sólo
resultarán en atrasos, pero no en el resultado
final. ¿Quién lo hubiera imaginado?
(*) Abogado de Inmigración
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La
vida no se negocia |
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Por:
José A. Fernández Carrasco (*)
Uno de cada diez trasplantes que se realizan
en el mundo forma parte del tráfico internacional
de órganos. El número de personas
que necesita operarse y recurre al turismo de
trasplante crece año tras año.
Es ya una de las mayores preocupaciones de la
Organización Mundial de la Salud (OMS).
Como explica el Dr. Luc Noel, “los órganos
son un bien de la Comunidad y no un negocio”.
En cambio, las agencias hacen de la desesperación
de los donantes y sus receptores un inmenso negocio,
impune por el vacío legal de muchos países.
El trasplante es la mejor solución para
algunas enfermedades, y en algunos casos la única.
La insuficiencia renal crónica causa un
millón de muertos al año, según
la OMS. El riñón es el órgano
más demandado. Sólo en Estados
Unidos 95.000 personas esperan un trasplante.
Sin embargo, se realizan poco más de 65.000
intervenciones al año en todo el mundo.
Esta desproporción entre la oferta y la
demanda se ha convertido en la oportunidad perfecta
para los intermediarios del negocio.
Los riesgos a los que se someten el vendedor
y el receptor del órgano son demasiado
grandes. El primero vende una parte vital de
su cuerpo porque ve en ello una forma de salir
de la miseria, y el segundo quiere comprar entre
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10
y 16 años de vida, la esperanza que ofrece
un trasplante renal. En cambio, el destino del
donante queda oculto tras una cortina de dinero,
y el receptor no tendrá seguridad ni garantías
en la operación; tampoco un seguimiento
médico apropiado cuando regrese a su país.
La mayor parte de los beneficios económicos
que genera este negocio van a parar al intermediario.
Según un informe de la organización
Coalition for Organ-Failure Solutions, un donante
sudafricano recibe 650 dólares por su
riñón, y uno paquistaní cobra
1.300. A cambio, los receptores llegan a pagar
a las agencias entre 62.000 y 385.000 dólares.
En Estados Unidos y los países europeos
hay leyes que regulan la donación de órganos.
Sin embargo, las mafias de los transplantes de órganos
se reducen a medida que los gobiernos de países
como India, conocido hasta hace unos años
como “el bazar del riñón”,
cambian sus leyes. Pakistán, Egipto, China
y Perú son los principales receptores
de pacientes en la actualidad.
La solución es el fomento de las donaciones..
Por ello urgen iniciativas destinadas a la sensibilización
de la sociedad y a mostrar la importancia que
su decisión puede tener en la vida de
otros. El dinero no puede estar por encima de
la vida, porque la vida no tiene precio.
(*) CCS |
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