| Calderón
y la crisis electoral |
Por: María
Elena Salinas
El
Tribunal Electoral Federal declaró oficialmente a
Felipe Calderón, del Partido de Acción Nacional,
como presidente electo de México. Las acusaciones
de fraude fueron desechadas y el candidato izquierdista de
oposición Andrés Manuel López Obrador
está fuera de la escena. Con ello se pone punto final
a la crisis electoral. Suena claro y sencillo, pero desafortunadamente
no es así.
Dos meses y dos días después que los mexicanos
fueron a las urnas, el Tribunal Electoral validó la
elección del dos de julio diciendo que Calderón
obtuvo 235.000 votos más que el candidato más
cercano. La decisión de la máxima autoridad
mexicana es irrevocable e inapelable. La Corte Suprema no
puede, como en Estados Unidos, revocar una decisión
de los magistrados electorales. Esa parte de la historia
está clara. Felipe Calderón es el presidente
electo de México.
De ahí, el asunto es algo complicado. El tribunal
aceptó, después de la elección, revisar
las acusaciones de fraude hechas por López Obrador,
quien exigía un recuento voto por voto. Encontró suficiente
evidencia para ordenar, por lo menos, un recuento parcial
del 9 por ciento de los votos. En el recuento se detectó que
en efecto hubo algunas irregularidades en el proceso electoral,
pero no suficientes como para que ameritara anular la elección.
Además, algunas de esas irregularidades acabaron favoreciendo
a Calderón.
El tribunal también le dio mérito a las quejas
de López Obrador acerca de la integridad de la campaña
misma, destacando en su juicio final que el sector empresarial
tuvo por lo menos alguna intromisión en la campaña.
Los magistrados dijeron que los anuncios políticos
difundidos en la radio y la televisión entre marzo
y mayo por el Consejo Coordinador Empresarial “violaron
los principios de igualdad en las contiendas electorales”.
Pero no fueron más allá de una reprimenda.
Aunque el presidente Vicente Fox goza de una sana popularidad
del 71 por ciento –una de las más altas en el
hemisferio para un jefe de estado- no salió limpio
en el juicio final del tribunal. Los magistrados escribieron
que Fox puso en riesgo la validación de la elección
presidencial con comentarios hechos a periodistas extranjeros,
declarando virtualmente ganador al candidato de su partido
antes de la decisión del tribunal.
Nada de esto ha logrado, sin embargo, cambiar la posición
desafiante de López Obrador y sus seguidores. Entre
otras cosas, el ex alcalde de la capital mexicana acusó a
miembros del Tribunal Electoral de no tener “dignidad
para actuar como hombres libres”, y exhortó a
sus seguidores no reconocer al que pretende ostentar el poder,
porque, según sus palabras, “carece de legitimidad”.
En un discurso en el Zócalo, la plaza principal en
el centro de México, López Obrador reiteró su
propuesta para que sus seguidores decidan en la Convención
Nacional Democrática Nacional convocada para el 16
de septiembre, día de la independencia de México,
si lo eligen o no como jefe de un gobierno alternativo. Y
finalmente pidió a sus partidarios que continúen
lo que él describe como “una revolución
de conciencia”, con actos de desobediencia civil. Desde
la elección, miles han marchado, protestado y acampado
en la plaza principal y en las mayores avenidas de la ciudad.
El apoyo a López Obrador, sin embargo, se ha visto
aminorado. Los sondeos muestran que siete de cada 10 mexicanos
cree que debe aceptar su derrota y acabar con las protestas
y plantones.
Calderón comenzó su primera noche como presidente
electo dando gracias a sus partidarios y enviando un mensaje
conciliatorio a sus adversarios. Invitó a todos los
partidos a trabajar juntos en beneficio de su país
y prometió implementar algunos de los programas sociales
propuestos durante la campaña. El político
conservador tendrá una batalla cuesta arriba. Su partido
no tiene una mayoría en el Congreso y el 35,8 por
ciento de los votos no necesariamente le dan un fuerte mandato.
Esperemos que Calderón tenga mejor habilidad política
que su antecesor y sea capaz de unir todas las fuerzas políticas.
Sí, México tiene a un nuevo jefe de estado,
pero la crisis electoral no se ha acabado. Y todos deberán
prepararse para tener en López Obrador un fuerte líder
opositor durante los próximos seis años.
.(*) Maria Elena
Salinas es autora del libro “YO SOY
LA HIJA DE MI PADRE: UNA VIDA SIN SECRETOS.”
© 2006 by Maria Elena Salinas.
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