Por
Eduardo A. Gamarra y Diana Pardo (*)
A pesar de que por primera vez en la historia de
las elecciones estadounidenses un grupo de candidatos
le dedicó un debate entero a los hispanos,
y de que Univisión logró obligarlos
a responder directamente a las preocupaciones de
los latinos, la pobreza de la oferta electoral
que intentaron presentar fue simplemente desilusionante.
El debate, en el que participaron siete de los
ocho postulantes del Partido Demócrata a
la candidatura de su partido para las próximas
elecciones de 2008, representó una ocasión
perdida para que los aspirantes que participaron
en el debate dieran a conocer su agenda hacia los
latinos.
Al final del día, los candidatos dejaron
pasar sin pena ni gloria lo que pudo haber sido
una oportunidad histórica, más allá de
los problemas con una traducción simultánea
deficiente que también dificultó la
comprensión de sus mensajes.
Si bien es cierto que las preguntas que se les
formularon a los candidatos los obligaron a pensar
en las repuestas, éstas no pasaron de las
superficialidades a las que nos tienen acostumbrados.
Así lo confirmó la mayoría
de los participantes en un Perception Analyzer
realizado por Newlink Research entre un grupo de
20 latinos con derecho a voto, de entre 20 y 45
años.
A través del Perception Analyzer, una tecnología
de punta que permite conocer en tiempo real las
percepciones de una audiencia determinada, descubrimos,
además, que para los hispanos demócratas
no son cruciales los planes que pueda tener un
candidato con respecto a la política exterior
de Estados Unidos hacia América Latina y
que este tema no incide a la hora de definir su
voto.
El estudio evidenció que las variables clave
para los electores latinos tienen que ver con temas
como la guerra en Irak, la inmigración,
la educación, la salud, los salarios, el
empleo y, en general, la agenda social, que son
los problemas que los afectan directamente.
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Si bien de acuerdo al Perception
Analyzer, la ganadora del debate fue Hillary
Clinton –seguida de John Edwards y de Barack
Obama-, esto no se debió a que su exposición
durante el debate fuera más concreta o
elaborada que la de sus contrincantes, sino más
bien se fundamentó en las percepciones
previas de los participantes, que la sitúan
como una política experimentada, aunque
no necesariamente la más simpática.
Sin embargo, cuando se trató de la “sinceridad” de
los candidatos participantes, John Edwards superó a
la senadora Clinton.
En este escenario, el balance general del debate
fue negativo en la medida en que puso de manifiesto,
una vez más, el desconocimiento de los
políticos estadounidenses respecto a las
preocupaciones y necesidades del grupo de votantes
latinos y, por lo tanto, su incapacidad para
formular programas coherentes, elaborados, realistas
y que respondan a sus necesidades más
sentidas.
No se trata de aguar la fiesta demócrata
con los latinos porque es más que obvio
que con poco trabajo igual obtendrán nuestro
voto. Sin embargo, éste es el momento
para insistir en que mejoren la lectura equivocada
que han hecho hasta ahora de este grupo de electores
y transformen su discurso, a veces vacuo, en
verdaderas soluciones políticas.
Aprovechando su interés en nuestro voto –que
puede ser el que incline la balanza a su favor
en algunos estados clave- la tarea es convencerlos
que la manera de obtenerlo es con una verdadera
agenda latina. Una que presente propuestas concretas
para solucionar los problemas de la gran cantidad
de soldados latinos que están en Irak,
de las separaciones familiares ocasionadas por
las leyes de inmigración, de la calidad
de nuestros empleos, del colapso del sistema
de educación pública y de la falta
de acceso a la salud de una buena parte de nuestra
población.
(*) Eduardo A. Gamarra es profesor de ciencias
políticas de la Universidad Internacional
de la Florida y Diana Pardo es consultora senior
de Newlink International Group.
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Neuronas
de políticos reaccionan diferente |
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Por
Marlowe Hood
Las neuronas del cerebro de liberales y de conservadores
reaccionan de forma diferente ante decisiones
difíciles, según un estudio publicado
en la revista británica Nature Neuroscience
el domingo 9.
Desde que Aristóteles afirmara que el
ser humano es un animal político por naturaleza,
decenas de estudios establecieron una fuerte
relación entre persuasión política
y ciertos aspectos de la personalidad de los
individuos.
Los conservadores tienden a buscar orden y estructura
en sus vidas y son más coherentes a la
hora de tomar decisiones. Los liberales, por
el contrario, muestran una mayor tolerancia hacia
la ambigüedad y la complejidad, y se adaptan
más fácilmente a circunstancias
inesperadas, indicó el estudio.
Intrigado por estas correlaciones, el politólogo
de la Universidad de Nueva York, David Amodio,
y varios colegas decidieron determinar si los
cerebros de liberales y conservadores reaccionaban
en forma diferente a los mismos estímulos.
A un grupo de 43 personas se le solicitó realizar
una serie de pruebas informáticas diseñadas
para evaluar su respuesta ante pautas ideadas
para romper una rutina bien establecida.
“
La gente suele regresar a casa desde el trabajo
por el
|
|
mismo
camino, un día tras otro, hasta que eso
se vuelve un hábito y no requiere pensar
mucho”, explicó Amodio.
“
Pero ocasionalmente la calle está en arreglos,
o quizás un animal la está cruzando,
y uno tiene que romper una respuesta habitual
para hacerse cargo de la nueva información”.
Usando electroencefalogramas, que miden impulsos
neuronales, los investigadores examinaron la
actividad en una parte del cerebro –la
corteza cingulada anterior- que está fuertemente
vinculada al proceso de autorregulación
del control del conflicto.
Quienes se habían autodenominado liberales
mostraron “significativamente mayor actividad
neuronal relacionada con el manejo del conflicto” cuando
la hipotética situación instaba
a un cambio de rutina.
Los conservadores, sin embargo, eran menos flexibles,
y se negaban a cambiar viejos hábitos “a
pesar de señales de que éstos (...)
debían cambiarse”.
Si esto es bueno o malo depende obviamente de
la perspectiva de cada uno: uno puede interpretar
los resultados diciendo que los liberales tienen
una mente abierta y que los conservadores son
rígidos y tercos.
O uno puede concluir igualmente que los liberales
no tienen personalidad ni defienden sus ideas,
mientras que los conservadores son leales e inquebrantables. |
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