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Los candidatos demócratas y su agenda hacia los latinos




A pesar de que por primera vez en la historia de las elecciones estadounidenses un grupo de candidatos le dedicó un debate entero a los hispanos, y de que Univisión logró obligarlos a responder directamente a las preocupaciones de los latinos, la pobreza de la oferta electoral que intentaron presentar fue simplemente desilusionante.

El debate, en el que participaron siete de los ocho postulantes del Partido Demócrata a la candidatura de su partido para las próximas elecciones de 2008, representó una ocasión perdida para que los aspirantes que participaron en el debate dieran a conocer su agenda hacia los latinos.

Al final del día, los candidatos dejaron pasar sin pena ni gloria lo que pudo haber sido una oportunidad histórica, más allá de los problemas con una traducción simultánea deficiente que también dificultó la comprensión de sus mensajes.
Si bien es cierto que las preguntas que se les formularon a los candidatos los obligaron a pensar en las repuestas, éstas no pasaron de las superficialidades a las que nos tienen acostumbrados.

Así lo confirmó la mayoría de los participantes en un Perception Analyzer realizado por Newlink Research entre un grupo de 20 latinos con derecho a voto, de entre 20 y 45 años.

A través del Perception Analyzer, una tecnología de punta que permite conocer en tiempo real las percepciones de una audiencia determinada, descubrimos, además, que para los hispanos demócratas no son cruciales los planes que pueda tener un candidato con respecto a la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina y que este tema no incide a la hora de definir su voto.

El estudio evidenció que las variables clave para los electores latinos tienen que ver con temas como la guerra en Irak, la inmigración, la educación, la salud, los salarios, el empleo y, en general, la agenda social, que son los problemas que los afectan directamente.

 

Si bien de acuerdo al Perception Analyzer, la ganadora del debate fue Hillary Clinton –seguida de John Edwards y de Barack Obama-, esto no se debió a que su exposición durante el debate fuera más concreta o elaborada que la de sus contrincantes, sino más bien se fundamentó en las percepciones previas de los participantes, que la sitúan como una política experimentada, aunque no necesariamente la más simpática.
Sin embargo, cuando se trató de la “sinceridad” de los candidatos participantes, John Edwards superó a la senadora Clinton.

En este escenario, el balance general del debate fue negativo en la medida en que puso de manifiesto, una vez más, el desconocimiento de los políticos estadounidenses respecto a las preocupaciones y necesidades del grupo de votantes latinos y, por lo tanto, su incapacidad para formular programas coherentes, elaborados, realistas y que respondan a sus necesidades más sentidas.
No se trata de aguar la fiesta demócrata con los latinos porque es más que obvio que con poco trabajo igual obtendrán nuestro voto. Sin embargo, éste es el momento para insistir en que mejoren la lectura equivocada que han hecho hasta ahora de este grupo de electores y transformen su discurso, a veces vacuo, en verdaderas soluciones políticas.

Aprovechando su interés en nuestro voto –que puede ser el que incline la balanza a su favor en algunos estados clave- la tarea es convencerlos que la manera de obtenerlo es con una verdadera agenda latina. Una que presente propuestas concretas para solucionar los problemas de la gran cantidad de soldados latinos que están en Irak, de las separaciones familiares ocasionadas por las leyes de inmigración, de la calidad de nuestros empleos, del colapso del sistema de educación pública y de la falta de acceso a la salud de una buena parte de nuestra población.

(*) Eduardo A. Gamarra es profesor de ciencias políticas de la Universidad Internacional de la Florida y Diana Pardo es consultora senior de Newlink International Group.

 

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Neuronas de políticos reaccionan diferente



Las neuronas del cerebro de liberales y de conservadores reaccionan de forma diferente ante decisiones difíciles, según un estudio publicado en la revista británica Nature Neuroscience el domingo 9.

Desde que Aristóteles afirmara que el ser humano es un animal político por naturaleza, decenas de estudios establecieron una fuerte relación entre persuasión política y ciertos aspectos de la personalidad de los individuos.

Los conservadores tienden a buscar orden y estructura en sus vidas y son más coherentes a la hora de tomar decisiones. Los liberales, por el contrario, muestran una mayor tolerancia hacia la ambigüedad y la complejidad, y se adaptan más fácilmente a circunstancias inesperadas, indicó el estudio.

Intrigado por estas correlaciones, el politólogo de la Universidad de Nueva York, David Amodio, y varios colegas decidieron determinar si los cerebros de liberales y conservadores reaccionaban en forma diferente a los mismos estímulos.

A un grupo de 43 personas se le solicitó realizar una serie de pruebas informáticas diseñadas para evaluar su respuesta ante pautas ideadas para romper una rutina bien establecida.
“ La gente suele regresar a casa desde el trabajo por el

  mismo camino, un día tras otro, hasta que eso se vuelve un hábito y no requiere pensar mucho”, explicó Amodio.
“ Pero ocasionalmente la calle está en arreglos, o quizás un animal la está cruzando, y uno tiene que romper una respuesta habitual para hacerse cargo de la nueva información”.

Usando electroencefalogramas, que miden impulsos neuronales, los investigadores examinaron la actividad en una parte del cerebro –la corteza cingulada anterior- que está fuertemente vinculada al proceso de autorregulación del control del conflicto.

Quienes se habían autodenominado liberales mostraron “significativamente mayor actividad neuronal relacionada con el manejo del conflicto” cuando la hipotética situación instaba a un cambio de rutina.

Los conservadores, sin embargo, eran menos flexibles, y se negaban a cambiar viejos hábitos “a pesar de señales de que éstos (...) debían cambiarse”.

Si esto es bueno o malo depende obviamente de la perspectiva de cada uno: uno puede interpretar los resultados diciendo que los liberales tienen una mente abierta y que los conservadores son rígidos y tercos.

O uno puede concluir igualmente que los liberales no tienen personalidad ni defienden sus ideas, mientras que los conservadores son leales e inquebrantables.

 

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