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| Patricia Guadalupe |
| Columnista |
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Francisco
del Pilar y Guy Gabaldón. Dos nombres que
no significan absolutamente nada para el productor
de televisión Ken Burns, que esta semana reveló su
más reciente documental “The War” (“La
Guerra”) en la televisión pública
del país. Pero Del Pilar y Gabaldón
representan dos de los miles y miles de militares
latinos que sirvieron en la Segunda Guerra Mundial.
Del Pilar murió luego de un ataque de granada
en el campo de batalla en Europa, dejando una viuda
y 10 hijos huérfanos de padre en Puerto Rico.
Como él hay muchos hispanos que dieron sus
vidas en las grandes y famosas batallas de esa guerra,
una guerra que es el enfoque del documental que produjo
Burns. Gabaldón sobrevivió la guerra,
muriendo el año pasado a los 80 años,
en la Florida. Durante la guerra, Gabaldón
capturó a más soldados japoneses que
CUALQUIER OTRO INFANTE DE MARINA. Su historia es
impresionante. Con conocimiento del idioma japonés
que obtuvo de un amigo de crianza de ese origen,
Gabaldón pudo convencer a más de mil
soldados japoneses que se rindieran, diciendo que
si no lo hacían llegaría John Wayne
(el actor de películas de vaqueros) a matarlos.
Por sus logros, el llamado “Flautista de Saipán” recibió el
galardón más alto que tiene la Infantería
de Marina, la Cruz Naval (Navy Cross, en inglés)
y sus hazañas llegaron a la pantalla grande
de Hollywood, claro, con un actor anglosajón
haciendo el papel de Gabaldón.
Para Ken Burns, los militares Gabaldón, Del
Pilar y muchos otros latinos simplemente no existen.
El productor Burns habló esta semana en el
Club Nacional de Prensa, defendiendo su documental
y diciendo que “era imposible hablar con todo
el mundo”, que hubiera sido “una carga
demasiado grande” incluir a “todos los
grupos”. Añadió que cuando anunció que
iba a hacer el documental, “ningún hispano
nos contactó”.
Burns se presenta como un historiador, pero un historiador
serio y de verdad no espera a que alguien lo contacte.
Un historiador serio y auténtico se pone a
investigar por su cuenta, buscando toda la información
que necesita para completar su trabajo. No espera
a que alguien le toque a la puerta y le diga, “aquí estoy”.
Ese comentario de que “ningún latino
se presentó cuando hicimos el anuncio” lo
hace un charlatán con miopía que coge
del mango bajito para no tener que hacer el trabajo
serio que requiere este tipo del documental. Seguramente
si le hubiera interesado de verdad incluir la contribución
latina en un documental sobre la Segunda Guerra Mundial,
hubiera averiguado sobre Gabaldón e incluso
pudiera haber hablado con él antes de su muerte
y antes que se llevara sus memorias vivas a la tumba
para siempre. No fue hasta que grupos de veteranos
latinos y la historiadora Maggie Rivas, de la Universidad
de Texas, se quejaron, que Burns se dignó a
incluir dos o tres historias latinas, al final de
algunos segmentos, tal como si fuera un ocurrencia
tardía, una idea de último momento
para “complacer” a la latinada.
Pero nada de esto le debe de sorprender a los que
hemos seguido la carrera de Burns. En su documental
sobre el jazz, dejó fuera a íconos
musicales como Tito Rodríguez, Eddie Palmieri,
Tito Puente y Mongo Santamaría, entre otros.
En su documental sobre el béisbol, les hizo
poco caso a los peloteros latinos y a los pioneros
hispanos de las Grandes Ligas.
En el almuerzo del Press Club en Washington donde
habló Burns, se comentó que Burns había
cogido solamente una clase de historia en toda su
vida.
Eso es más que obvio.
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guadalupe@washingtonhispanic.com
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